El emprendedurismo y la cultura capitalista – mitos y verdades – Parte 2

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Leandro Castelluccio

El siguiente ensayo es una continuación de la Parte 1, donde se reflexiona acerca de las razones por las cuales considero se juzga erróneamente al capitalismo, y por qué desde mi consideración de la ética y el bienestar humano, el capitalismo es un modelo de suma importancia y relevancia para optimizar la recompensa personal en el largo plazo.

La búsqueda del beneficio y la responsabilidad social

A veces se critica que en el libre mercado las empresas solo buscan beneficios, ganancias, y que no se preocupan por la responsabilidad social o por brindar servicios en ámbitos que no son redituables. Por su claridad, vuelvo al ejemplo de la isla desierta, que puede encontrarse en la parte 1 del ensayo. Si alguien se encuentra solo en una isla desierta, pedirle al sujeto que sus acciones no signifiquen una ganancia, pedirle que no haya beneficio, es pedirle que se resigne y muera, si la persona hace una caña de pescar y no busca obtener alimento con ella, no sobrevive. Todas las acciones que impliquen ganancias mejoran el estado de vida del sujeto. Tener agua, comida, refugio, alguna señal que alerte de su presencia en la isla a otros, etc., todo eso son ganancias, beneficios, que resultan de sus acciones. Lo mismo se aplica para la sociedad moderna, buscar el beneficio es buscar una mejora en el estado de vida de la persona. Juzgar el beneficio como algo malo es destructivo si lo llevamos a la práctica. Y no tenemos que pensar únicamente en un beneficio o ganancia material, en el sentido de adquisición de bienes, por ejemplo, podemos considerar el beneficio o la ganancia (el “profit”), en una concepción más amplia o general. Si uno se embarca en el estudio de una profesión determinada, uno desea obtener una ganancia a largo plazo: el desarrollo de las capacidades personales, bienestar y satisfacción, etc. Uno desea una ganancia, si embarcarse en tal carrera no es más que costos y pérdidas para la persona, si desear un beneficio es malo, egoísta o de mentalidad “capitalista”, entonces no hay lugar para la satisfacción en la vida de uno. 

La mejor responsabilidad social a su vez, en su sentido positivo, por decirlo de una manera, yace en los avances e innovaciones que la libertad de producir naturalmente repercute en la sociedad. La responsabilidad social, en el sentido de no dañar a los demás con su actividad productiva, se puede controlar por mecanismos como la justicia o penalizaciones a través transacciones monetarias cuando hay ciertas externalidades (costos del proceso de producción que no se asumen directamente). A su vez, el mismo ámbito de competencia que fomenta el capitalismo ayuda a eliminar las industrias ineficientes en favor de las eficientes y de menor costos de producción.

Esto tiene una importante connotación filosófica. Se incentiva la solidaridad y la preocupación por el otro como características a tener de los nuevos trabajadores de la era moderna (lo cual no es algo negativo), sin embargo qué tanto impacto tiene esto frente a incentivar las cualidades intelectuales y creativas que hacen que personas descubran o desarrollen fármacos que mejoran la vida de millones de personas, por ejemplo. 

¿Pero el mercado libre no funciona de forma ideal?

A veces se afirma que para que el mercado libre funcione de forma ideal se tienen que dar ciertas condiciones que rara vez se dan en la práctica. ¿Pero qué significa que funcione de forma ideal? Esto puede interpretarse como si se pensara que el libre mercado es un sistema que debe garantizar algo, que si en este sistema se dan un cierto grupo de condiciones entonces ese fin será garantizado, y de ahí que el sistema funciona de forma ideal. Pero si no se dan esas condiciones por naturaleza, entonces el fin no será garantizado, entonces el sistema no funciona y debe ser descartado o regulado. Este sería el razonamiento. El fin que supongo que muchos tienen en cuenta y que se debe cumplir es el del bienestar de las personas. El libre mercado, según mi criterio, sí garantiza algo, esto es, tal como mencionaba en la primera parte, la posibilidad de los altos estados de recompensa. La naturaleza de los altos estados de recompensa, de la autoestima, por ejemplo, y la forma de obtenerla, incluye independencia y lo que uno puede hacer, no la coerción, que va en contra de la misma, y que forma parte de un mercado no libre. Si uno no tiene la posibilidad de llevar a cabo lo que puede hacer, por ejemplo, siempre y cuando uno no niegue la posibilidad de otros de utilizar espacios y objetos para sus fines, entonces se puede cultivar la autoestima, de lo contrario no se cultiva autoestima. Pero el libre mercado no garantiza los altos estados de recompensa en sí, esto dependerá de los logros particulares de los individuos. 

Fuera de esto, el libre mercado no debe pensarse como una forma para garantizar algún fin en particular, sino como un estado de las cosas que da la posibilidad de que las personas puedan perseguir sus fines. Y como remarqué anteriormente, el bienestar no está garantizado automáticamente porque haya personas produciendo e intercambiando libremente, ni tampoco si se establecen controles o conflictos, el bienestar depende de la capacidad productiva de las personas, de las innovaciones, de la inteligencia, de la creatividad, de la eficacia, etc. Que ciertas cuestiones no queden garantizadas automáticamente en un libre mercado no lo hace a éste menos deseable y que el mercado (las personas y sus intercambio) tenga que ser regulado. Existe una falsa dicotomía de la que hablo en un ensayo previo (“”), respecto a que no es verdad que para garantizar que no haya pobreza por ejemplo, se debe regular limitar la libertad de las personas para producir e intercambiar bienes, o sea, limitar el libre mercado, pues es justamente permitiendo esa posibilidad de producción e intercambio libre que la pobreza es mejor combatida, el Estado óptimo de bienestar no excluye el libre mercado, una cosa lleva a la otra. La situación contraria tampoco es la más óptima, un mundo sin pobres, pero donde las personas no son libres (consideremos que podemos darle a todos una casa si obligamos a las personas a construirlas por ejemplo, pero esto no es un mundo ideal).  

La coerción, la iniciación de un conflicto (fuera de la defensa) niega los altos estados de recompensa. Aún si cada persona en el planeta tuviese una casa en donde vivir (algo ideal), si se tuviera que recurrir de nuevo al trabajo esclavo en la sociedades modernas para garantizar tal cosa, no podríamos decir que tal causa es digna de apoyo. Nadie debería recibir ni un centavo si alguien tiene que ser sacrificado para ello, si el consentimiento voluntario ha de ser pisoteado, si se establece un conflicto.Si uno regula, si uno introduce la coerción, la fuerza, el conflicto, en las relaciones humanas, uno podría darle una casa a cada persona del planeta a cambio de que seamos esclavos y siervos de los deseos de otros y que no podamos ejercer el libre albedrío (actuar según los propios deseos). Esto no significa que algún día no se llegue a que todos tengan una casa, lograda con el trabajo productivo, innovador y voluntario de los individuos. Esto sí va de la mano de la autoestima, de lo que uno puede hacer que es complejo, y que favorece la vida de uno.

El capitalismo y el derecho al trabajo

A veces se afirma que en el libre mercado un derecho fundamental del ser humano como es el trabajo no queda garantizado. La invocación del derecho al trabajo tiene sus complicaciones. Si consideramos al trabajo, al puesto de trabajo como se entiende en la civilización moderna, como un derecho, en el sentido de un bien que queda garantizado automáticamente, estamos quitándole el sentido mismo al trabajo que comúnmente entendemos. Un trabajo supone cierta habilidad o capacidad, cierto conocimiento, supone poder hacer algo determinado, si uno carece de esto no hay trabajo posible. El trabajo no es así algo que queda garantizado sin ninguna razón, el trabajo hay que ganarlo, o mejor dicho aun, generarlo, sabiendo qué hacer, cómo actuar, tendiendo determinadas capacidades o habilidades, y si hay que ganarlo, ¿en qué sentido quedaría el trabajo asegurado en una situación diferente a la del libre mercado? La generación y disponibilidad de puestos de trabajo por otro lado, depende de las capacidades de las personas que los generan, los puestos de trabajo son creados, y al ser estos creados, su existencia depende de los logros particulares de las personas, de esta forma el trabajo tampoco es así algo que queda garantizado automáticamente, si las personas no crean o producen, ¿qué sistema garantizaría ese “derecho” fundamental al trabajo del que se habla? ¿Cómo lo haría? Por otro lado, ¿de quién es el puesto de trabajo? ¿Quién lo ofrece? Los individuos, aquellos que crean, que producen e intercambian con otros. Y en este sentido depende de quien ofrece el puesto de trabajo decidir quién puede ocuparlo, depende de éste decidir quién estaría calificado, quién presenta las habilidades o el conocimiento indicado para satisfacer las demandas de quien ofrece el puesto. 

Hoy en día muchos sujetos podrían ocupar un puesto de trabajo, el empleador busca al mejor capacitado, por lo que hay competencia por dicho puesto. En estos aspectos, el trabajo tampoco es algo que queda garantizado automáticamente. ¿Qué está detrás de esa invocación al “derecho fundamental al trabajo”? Si alguien tiene un puesto de trabajo que ofrecer, me pregunto quién está obligado mediante un conflicto, mediante la fuerza, a brindarlo, si es algo que tiene que garantizarse automáticamente. Si pensamos en el trabajo como cualquier tipo de actividad que uno puede realizar que lleva a cierto objetivo, en la situación de libre mercado no se impediría el trabajo, en una situación de conflictos y coerciones, sería diferente. Uno puede decir que esa no es la idea del derecho al trabajo, que efectivamente este no queda garantizado automáticamente, de forma mágica, que lo que se quiere decir es que el trabajo simplemente debe garantizarse. La pregunta es: ¿quién debe garantizarlo? Uno no tiene por qué garantizar un trabajo a otro, no existe justificación en la realidad para tal cosa en última instancia, y la obligación a hacer tal cosa no va de la mano de los altos estados de recompensa, y si eso se impone en la sociedad, entonces uno se transforma en un medio para los fines de otro, y se mantiene un conflicto, ¿es eso el derecho al trabajo?

La cuestión está siempre en el conflicto, las políticas que implican establecer conflictos. Este niega los altos estados de recompensa, lo máximo a lo que uno puede aspirar en la vida. Uno no tiene por qué vivir por menos, uno no tiene por qué vivir según los deseos de otros y uno no tiene por qué ser un esclavo en todas sus manifestaciones posibles. Las personas que no esperan el consentimiento voluntario del otro o creen que no pueden vivir esperando por tal consentimiento, se sumergen de lleno en el uso de la fuerza y la coerción, estableciendo conflictos. El control, el sometimiento de otros a los propios deseos, o directamente la fuerza bruta, son aspectos negativos del mundo que las personas tanto critican pero que no dan cuenta que emergen cuando uno deja de lado el consentimiento voluntario del otro. Muchas de estas personas jamás obligarían a alguien a hacer algo determinando en contra de su voluntad, en algún aspecto de la actividad humana (consideremos el consentimiento voluntario en la investigación científica o en las relaciones sexuales), pero no dudan ni un segundo en pisotear el mismo en algún otro aspecto del quehacer humano. Si las palabras “respeto” o “dignidad del ser humano” han de tener algún significado verdaderamente comprensible, tiene que ser este, el de valorar el consentimiento voluntario de la persona en los tratos entre los individuos. 

Muchos dicen que el ser humano es un ser social, que no está desconectado de otras personas, eso no significa que un sujeto debe estar conectado con otra persona como un medio para su fin, como el esclavo lo está con su amo, si ser social significa colaborar por la fuerza con cosas con la que uno no está de acuerdo, si significa desechar el propio tiempo y trabajo para vivir según los fines de algún tercero, si significa que la vida de tenga que estar pautada por otros, entonces la naturaleza de ser social no sería compatible con el motor evolutivo de la vida como supervivencia y bienestar. La verdad es que no estamos atados a ese tipo de vida por naturaleza, somos capaces de pensar y vivir de acuerdo a nuestras ideas, relacionarnos con quienes nos resulte adecuado y actuar según nuestros propios deseos, no los de otros. Hay muchas visiones de lo que significa ser social. Pero si uno no está de acuerdo con alguna visión del ser humano como ser social, ¿quién va a imponer que uno viva como tal visión demanda? Porque se reduce a eso: ¿en qué punto mi consentimiento voluntario va a ser pisoteado?

¿El capitalismo saca lo malo de nuestra naturaleza?

Se ha afirmado que en un mercado libre las personas pueden tender al fraude, que no hay garantías de que un producto no sea alterado o que resulte peligro para las personas y que dicha información se esconda del público. Se ha llegado a afirmar que el libre mercado incentiva estas conductas. En el caso de que existiese un libre mercado, eso no significa que un Estado no actuaría para defender a las personas cuando los altos estados de recompensa son negados. La justicia es necesaria y esta actuaría en caso de fraude. Resulta erróneo considerar que algo como el fraude pertenece al sistema en sí, decir que es algo a lo que se tiende en el libre mercado, el fraude no es del sistema, en un mercado libre o regulado las personas pueden cometer fraude igualmente. El fraude va de la mano de la destrucción en el largo plazo, quien engaña termina padeciendo las consecuencias. Para quien le interesa la supervivencia en el largo plazo, para quien apuesta a los altos estados de recompensa, el fraude está fuera de juego, el fraude no es el camino. Las personas no tienen por qué aceptar un producto teniendo como garantía de su seguridad la simple buena voluntad de los productores, uno puede demandar información del mismo, para evaluarlo uno mismo. Si al productor le interesa seguir produciendo y obteniendo beneficios está en su interés que haya apertura en ese sentido, que brinde información, evidencia, que indique que el producto es seguro, por ejemplo. Si el productor no lo hace uno no tiene por qué comprar el producto, y eso va en detrimento del productor. Que una empresa amerite un certificado de calidad sobre sus productos es un gran logro, quien ofrezca un mejor producto, seguro, triunfa por sobre la competencia. Un esquema de empresas que se dediquen a brindar evaluaciones respaldadas en evidencia accesible al público sobre los productos ofrecidos en el mercado es una cuestión saludable y útil en el libre mercado, quien acepte ser evaluado demuestra transparencia en su actividad. 

Esto último incluso, podría plantearse que es legítimo como algo llevado a cabo por el Estado, o sea, como servicio del Estado, siempre que no sea monopólico, y mientras la financiación de la iniciativa sea voluntaria y las Empresas no estén obligadas a ser evaluadas. A pesar de lo anterior, considero que es un error pensar que no habría trasgresiones en caso de fraude si el Estado está regulando la seguridad de los productos o si existen empresas que se dediquen a brindar evaluaciones, por ejemplo que hayan sobornos y que estos sean aceptados tanto por miembros del Estado o por empresas que brindan evaluaciones cuando un producto es perjudicial y se trata de mantener eso en secreto. La regulación por parte del Estado no es una garantía de que los productos no se adulteren, de que no haya fraude y riesgos para las personas. O pensemos en el caso donde el Estado regulariza los medicamentos. Pienso que la ciencia médica por ejemplo, va avanzar mucho más rápido de lo que un ente Estatal pueda llegar a regular, ¿deberían las personas dejar que la mejora en su calidad de vida se vea estancada o frenada por el Estado? Si un fármaco puede brindar enormes beneficios a ciertas personas, pongamos el caso hipotético de que incluso puede ser la diferencia en un momento dado entre la vida y la muerte de una persona, ¿por qué un sujeto no podría obtenerlo y la empresa venderlo, sin la aprobación del ente regulador del Estado? Quizás en la espera de tal aprobación muchas vidas se pierden, es esencial para las personas que se les deje la opción de actuar en base a sus juicios, de utilizar espacios y objetos para sus fines, de poder intercambiar, esta regulación que implica un conflicto niega en tal caso la posibilidad de los altos estados de recompensa. 

El fraude, el engaño, pueden estar a la orden del día, en sistemas regulados o no. Lo importante es que haya un Estado que defienda la posibilidad de los altos estados de recompensa de los individuos, es importante incentivar y mantener esta función, hacer las denuncias correspondientes con evidencias y argumentos. Y más allá de las evaluaciones que un grupo de sujetos pueda hacer, el que tiene que pensar siempre en última instancia es uno mismo, tratar de entender la evidencia y los argumentos para respaldar uno mismo las evaluaciones. Uno no puede simplemente desechar su intelecto y dejar guiarse por las conclusiones de otros, ni de los miembros del Estado o un conjunto de empresas, eso no va de la mano de los altos estado de recompensa. Y en el caso de que uno decidiera utilizar un producto, conociendo sus posibles beneficios y riesgos, no habría justificación en la realidad en última instancia que estableciera que uno no pude utilizarlo y que el productor no pueda ofrecerlo, y que en base a eso uno negara tal posibilidad. Hacerlo estaría en contra de la posibilidad los altos estados de recompensa. 

El capitalismo y el individualismo

Algunos dirán que quizás el problema está en la visión individualista que permea en el libre mercado, que quizás el problema está en que se piensa que el individuo está desconectado de la sociedad, que lo importante en el libre mercado es lo que le ocurre a éste, y que por eso el bien de la sociedad como un todo no importa. Entonces, ¿es el problema que se está cansado del individualismo? Algunas personas critican las posiciones de otros, sus estándares y sus criterios, aunque estos otros no le hagan daño a uno o establezcan conflictos. Muchos dicen “estoy cansado del individualismo, del egoísmo, de que todo es “yo” y los demás no importan”. Pero una pregunta es necesaria: ¿qué van a hacer al respecto? Pensar y mantener ciertos valores está en la libertad de las personas, si a uno no le gusta lo que otro piensa, lo máximo que uno puede hacer sin atentar contra los altos estados de recompensa en esa persona, o la posibilidad de los mismos, sin atentar contra sus derechos, es persuadir a la persona, a través de argumentos y evidencia, de que su posición es errónea. Puede ocurrir que tras una ardua reflexión, una persona no rechace el individualismo, ¿qué va a hacer uno entonces al respecto? Muchos dirán que uno es demasiado individualista, egoísta, que no piensa en otros, que uno no tiene ninguna clase de conciencia social, pero la pregunta permanece, ¿que van a hacer al respecto? Pues lo que muchos han hecho es controlar y oprimir, porque es lo único que muchos pueden hacer fuera de la persuasión. Muchos dirán lo que uno es, lo cual ya de por si conlleva muchas veces el error de asumir intenciones que no son tales, y que ayudar a otros aunque implique un atentado a la libertad de uno es justificable. La justificación es el deseo de una persona, uno no tiene por qué acatarlo, uno no tiene por qué ver su vida condicionada a dicha idea. 

La utilidad de las personas

Muchos consideran a las personas como agentes serviles, útiles, de forma consiente o no. Es algo que está muy arraigado hoy en día. Uno piensa en qué hacer de su vida en términos de “cómo puedo ser útil a la sociedad”, “cómo puedo contribuir a la sociedad”, “en qué aspecto puedo servir o ser de utilidad”. Esto desplaza el centro de valoración desde el individuo, desde su autoestima, al otro, a lo que otros piensan, a lo que otros valoran. Y si bien uno desarrolla actividades que sirven a otros, o sea, que tienen un valor para los demás el centro es el desarrollo y cultivo de autoestima y altos estados de recompensa a nivel personal, individual. Y en muchas teorías ésta premisa de la utilidad está fuertemente incrustada. Teorías donde se valora primordialmente a los sujetos en la medida que sirven al resto de la sociedad, por ejemplo, en la medida que unos sirven como medio para los fines de otros. Si alguien planteara por un instante que las personas más ricas de una nación pagasen menos impuestos, creo que habría una fuerte oposición a esa idea, en parte porque muchos valoran al individuo en cuanto al servicio que presta a la sociedad, cuando sus recursos se vuelcan en otros. También está el hecho de la comparación. Muchos se sentirían frustrados si un sujeto más rico paga menos porcentaje de impuestos que uno, lamentablemente la satisfacción llega en gran parte si el individuo rico ahora paga más porcentaje de impuestos. Sin embargo, uno sigue pagando lo mismo, la situación de uno no ha cambiado, simplemente a otro le quitan más. ¿Por qué uno debería sentirse mejor si otro está ahora en una peor situación? Quizás ese dinero extra ahora se invierta en la vida de uno, se podrá argumentar, ¿pero a qué costo? ¿Dónde queda el consentimiento voluntario que tanto se practica en los diversos asuntos del ser humano? ¿Por qué aquí se ausenta? ¿Dónde quedan los altos estados de recompensa y su posibilidad? 

Uno no tiene que vivir por el servicio o la utilidad primariamente para que la vida de uno valga la pena ser vivida, por decirlo de una manera. Los altos estados de recompensa refieren a desarrollos propios, por ejemplo, lo que uno puede hacer como en el caso de la autoestima, que puede traer un beneficio para otros, pero que exista un beneficio para otros no es lo que constituye la autoestima, no es lo que la define. Las personas no son útiles o agentes serviles que están allí para conceder lo que a uno se le antoja. ¿La persona es valiosa en la medida que es útil para algo? Esto se fomenta en la medida que el criterio de valor se desenvuelva a nivel interindividual o colectivo, y no a nivel personal, o sea, en la medida que el valor es el valor para otro, mientras que cuando el valor es el valor de uno para uno, el sentido de vida está en el cultivo de autoestima personal, y allí está el valor de uno como persona. Aplicar esta valoración de uno para con uno pero de forma empática con otros, o sea, ubicándonos desde la perspectiva del otro, es la forma idea de valorar a los demás, pues dejamos de lado esa cuestión interindividual de si la persona es útil para uno o no. 

Las personas tienen la posibilidad de vivir de acuerdo a sus propios fines y metas y no tienen por qué vivir condicionados a los deseos de otros, y uno no tiene por qué actuar según lo que otros quieran. Esto es lo que manifiesta en el fondo el individualismo, al menos un criterio del mismo, el de posibilidad de la persona de hacer de su vida lo que quiera. Los que critican el individualismo, en muchos casos, en el fondo, aunque no lo comprendan del todo, terminan apoyando inconscientemente la idea de que las personas están ahí como objetos para concederles los deseos que uno tenga. Muchas personas no conceden el hecho de que uno no tiene la justificación, ni en la realidad en última instancia, ni en base a los altos estados de recompensa, a hacer de la vida de otros lo que uno quiera, imponer sus estándares, sus metas, sus fines, sus criterios, su forma de vida por sobre la de otros. Muchos no quieren regirse bajo dichos estándares y prefieren llevar a cabo otro tipo de vida. Si la persuasión falla, muchas veces aquellos cansados del individualismo recurren a otros medios: a imponer su visión por sobre la de otros. Utilizan medios como la democracia, el poder del Estado y de leyes arbitrarias para establecer un sistema acorde a sus ideas anti-individualistas, o para imponer cualquier idea que otros no acepten. Se suele decir que las personas son demasiado egoístas e individualistas para aceptar ciertas ideas “nobles”, por lo que estas deben ser aplicadas por la fuerza, mediante el poder arbitrario de las masas que se impone sobre la posibilidad del individuo de vivir según sus propios estándares. Y así el “estoy cansado del individualismo, del egoísmo, de que todo es “yo”, y los demás no importan” llega directo al punto de la opresión y el control, no hay otro punto, no hay otra vía, si uno piensa diferente y no quiere cambiar sus ideas. 

Esa frase sólo puede expresar un descontento, pero no puede significar un cambio sin opresión y control de las personas, cuando se deja de lado la persuasión, las personas pueden no cambian sus ideas, sea por la razón que sea, porque creen estar en lo cierto, porque están seguros, o porque simplemente no desean tomarse el esfuerzo de pensar si están o no en lo cierto. Las personas todavía son libres de pensar, el control y la opresión vendrán de negar su posibilidad de utilizar espacios y objetos para sus fines. 

¿Por qué separamos Iglesia de Estado pero no Economía de Estado?

Hemos llegado al punto en las naciones modernas y más avanzadas de llegar a separar Iglesia y Estado. Se hace por la consideración de que ni el Estado ni cualquier grupo de individuos tienen derecho a imponer sus creencias por sobre otros o por sobre otras doctrinas religiosas. Muchos olvidan que este criterio también se aplica para el resto de los asuntos humanos, tales como la economía, la ciencia o la educación, aunque no se promueva la separación entre Estado y Economía, por ejemplo. La democracia, a su vez, entendida como el voto mayoritario como criterio de mayor jerarquía, es una forma de imponer las ideas de uno, su voluntad, sus estándares por sobre la vida de otros. La democracia controlada, de tipo republicana, es una cosa diferente. Pero la voluntad de la mayoría como criterio máximo es otra forma de control y opresión, pues deja a la mayoría el dictado de lo que es posible o no en una sociedad. Pero lo que es del individuo es materia de decisión del individuo, no de otros, ya sea la mayoría o cualquier grupo, uno no tiene ninguna justificación en la realidad en última instancia, o en base a los altos estados de recompensa, para entrometerse en la vida de otros e imponer sus ideas a otros. 

Un grupo de sujetos, sea un gran número o no, no puede tener voto en los asuntos del individuo, no si defendemos los altos estados de recompensa, que los tenga significa el control y la opresión, el control sobre la vida de uno, su libertad. Uno tiene que saber bien lo que dice, y lo que implica en la realidad. Muchos pensaran que efectivamente las personas tienen que ser forzadas, que las ideas partidarias, sociales o filosóficas de uno, deben imponerse sobre otros, porque se considera que son mejores. Si el Estado llegase alguna vez a considerar el criterio de los altos estados de recompensa y su posibilidad, eso no representaría la iniciación de un conflicto en una primera instancia (defiende ante una imposición iniciada antes por un sujeto), como quien impone que uno no puede tener más de una casa, por poner un ejemplo, pues actuar en base a los altos estados de recompensa implica justamente no imponer sobre la personas ideas o criterios por la fuerza. Las excepciones, como destaqué en un principio en anterior ensayo (parte 1), involucran hechos donde es necesario intervenir para asegurar la posibilidad de altos estados de recompensa, por ejemplo, la defensa de un niño pequeño, que no tiene fines claros establecidos, frente a tutores que lo maltratan, donde se inicia un conflicto contra los tutores primariamente, o cuando uno utiliza el espacio de otro con un fin opuesto al de este, que es para ingresar en un espacio que le permite continuar con sus fines cuando el sujeto dueño de tal espacio se lo niega. Estas excepciones surgen en base al criterio de los altos estados de recompensa. Fuera de estas excepciones no hay imposiciones primarias, solo defensa ante imposiciones primarias (establecidas en primer lugar), como respuesta a las mismas. La alternativa es la negación de los altos estados de recompensa. El criterio de los altos estados de recompensa implica defender a las personas frente a tales imposiciones. Uno no pide algo de los demás. 

¿Los límites del criterio?

Muchos dirán que no quieren verse sometidos a dicha ausencia de ideas, lo que llamarían un Estado liberal (en el sentido de libertad), donde el Estado no impone ninguna visión particular fuera de esas excepciones concretas (que van de la mano de los altos estados de recompensa), lo que acarrea entonces es estar sometidos, controlados, o que el Estado bajo el que viven imponga un sistema de control en el individuo, donde algunos serán sometidos a los deseos que estas personas tienen, pero en cualquier caso, la opresión a otros existe. 

Y luego vamos a cuestiones morales y personales, si uno dice que la fuerza debe aplicarse, que las personas deben ser controladas porque son demasiado egoístas para aceptar ideales más nobles, uno termina siendo incapaz de ser feliz, de vivir, sin destruir la libertad o autonomía de otros, uno debe controlar y oprimir a otros para estar seguro, cómodo, tranquilo, o para no sentir malestar alguno (aunque en la práctica esto nunca suceda realmente). Pero la felicidad implica alcanzar valores, la autoestima implica lo que uno puede hacer que es complejo, implica independencia, no destruir las posibilidades de otras personas y sus derechos. Unos dirán que las personas no tienen derechos, ¿pero acaso las personas no pueden ser libres? Muchos dirán que no quieren que sean libres. Si uno dice que el individualismo es condenable y aquellos que piensan diferente deben vivir bajo los criterios de uno por la fuerza, ¿acaso uno no es egoísta por tal razón? 

Se cree que una situación de libre mercado, o sea, los individuos intercambiando bienes de acuerdo a sus deseos y consentimientos voluntarios, se va a permanecer indiferente antes cuestiones como la pobreza o la desigualdad, que estas cosas son inevitables. No es así, es más, tal como se desarrolla en el ensayo “La falacia de la pobreza y la justificación utilitarista de la libertad“, las sociedades más libres en lo económico son las que tienen menos pobres o donde estos están en mejores condiciones. La cuestión principal es el conflicto, de la misma forma que se plantea que ningún fin justifica la matanza de millones de personas, podría decirse en este sentido que ningún fin justifica establecer un conflicto, si nuestro criterio refiere a los altos estados de recompensa. En un libre mercado si alguien quiere dar bienes a otros, voluntariamente, la persona puede hacerlo, pero utilizar la fuerza o la coerción para transferir bienes es diferente. 

Muchos sujetos que dicen que el capitalismo puro no ha existido en la práctica, no dudan en adjudicar una enorme cantidad de desventajas al mismo, como las que he mencionado que se establecen sobre el mismo, desventajas que mágicamente surgen en la práctica de un sistema que como tal se dice que no existe en la práctica. Si se afirma que el modelo teórico del capitalismo puro no ha encontrado su manifestación en la realidad económica a lo largo del tiempo, ¿cómo es que las desigualdades, la pobreza, la deshumanización o la destrucción del ambiente son causadas por dicho capitalismo puro? La causa tendría que ser otra cosa. Debemos entender que si alguien afirma que la “situación libre mercado” debe ser cambiada, convertir las relaciones interpersonales en algo diferente, es un cambio sobre el libre mercado en sí mismo, no otra cosa, y lo que se está atacando en la libertad. ¿Qué significa decir que la libertad debe ser cambiada o corregida? ¿Quiénes serán los correctores de la libertad? ¿Un grupo de “ilustrados”? ¿La sociedad en general? ¿Con qué autoridad? ¿Quién se adjudica la autoridad de llevar a cabo un control de la vida de otros? ¿Cuál es la justificación? En la realidad no hay ninguna justificación en última instancia. Y si actuamos en base a los altos estados de recompensa, el control, la subordinación de otros, no es algo buscado.

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