El primer motor inmóvil no es un argumento a favor de la existencia de Dios

©

Leandro Castelluccio

 

Imagen obtenida de Wikipedia, ver en: link

 

El primer motor inmóvil es un argumento o concepto dentro del pensamiento de Aristóteles que hace referencia a cuestiones metafísicas o de la naturaleza de la realidad en relación al movimiento (como concepto Aristotélico) que es usualmente utilizado como argumento a favor de la existencia de Dios. Aquí hay un link a un artículo recomendado que trata el concepto en relación con Dios de forma más detallada: link.

La idea de movimiento en Aristóteles va más allá del desplazamiento de un objeto, sino que incluye también otros procesos como el devenir de la potencia en acto, las modificaciones de las cosas, los procesos de desarrollo, crecimiento, cambio, etc. Aristóteles argumenta que para explicar el movimiento de las cosas de forma sólida, se necesita un primer motor inmóvil, o sea, una causa del movimiento de otra entidad que a su vez no se mueve, sea fija, o sea, permanece inmutable y nada es la causa de la misma (ver en link de referencia). En mi obra “Proposiciones” (ver en menú de publicaciones de libros) desarrollo conceptos similares en cierta forma, pero con marcadas diferencias específicas. Aristóteles parece hablar por ejemplo de la causa inmóvil o el primer motor inmóvil como un fin, o sea, que mueve a las entidades en términos de meta, como una cosa que atrae a algo, que genera o induce su movimiento pero que en sí misma no cambia.

Si pensamos en las causas del movimiento de las entidades, para explicarlo tenemos que ver qué llevó a su movimiento, y probablemente encontremos una razón que lo generó que a su vez tiene otra causa que genera el movimiento de esto último y así sucesivamente. Sin embargo, de continuar de forma infinita tendríamos problemas para explicar el movimiento, algo debe ser la base, lo cual conlleva que eso último no sea a su vez movido o afectado, de ahí la idea de motor inmóvil. Este ha sido identificado con Dios y muchas veces se usa el argumento del motor inmóvil para justificar la existencia del mismo puesto que de no existir, el movimiento no sería posible, y por ende la realidad no sería como la observamos. Para muchos parece que esto también tiene repercusiones morales o éticas al punto de que sólo podemos argumentar una conducta ética en base a fines o metas dadas por Dios o por este primer motor inmóvil, y que sin el mismo viviríamos en un universo no sólo imposible sino también sin sentido moral.

En el pensamiento de Aristóteles este motor inmóvil llega a ser concebido como algo eterno compuesto de pensamiento puro, más allá de la materia. Pero fuera de esto, lo que quiero reflexionar aquí es la idea de algo en cierta forma adicional o externo a nuestro universo material para explicar el movimiento, de que Dios sea necesario para la existencia de nuestro universo y cómo luego todo esto repercute por extensión en cuestiones morales.

Pues bien, lo primero es considerar que tal primer motor inmóvil, al menos en una interpretación del mismo como causa fundamental para explicar los procesos en la realidad, no es algo separado de la realidad en cierta forma sino parte de la estructura de la realidad misma, algo incrustado en la realidad, de forma que las entidades mismas están atravesadas o fusionadas con el mismo, por decirlo de una manera, por lo que el argumento no se vuelve una necesidad para explicar el movimiento en sí de las entidades del universo, sino que el movimiento mismo es el primer motor inmóvil por decirlo de una manera, el movimiento es tal dada la estructura misma de la realidad, o sea, el movimiento es parte de la realidad misma y no tiene necesidad de ser explicado o sostenido por ningún motor inmóvil. Y que esto sea así es necesario de hecho en el sentido de que para generar el movimiento en sí mismo de algo, fuera de la forma en cómo algo se mueve, necesitamos hablar de movimiento previamente (en el sentido amplio del término, cómo el cambio en las cosas), de forma que el concepto de movimiento está ya presupuesto en nuestro razonamiento, por lo que el mismo es algo axiomático, es parte misma de la realidad y algo no causado, y en definitiva, no necesita ser causado.

Teniendo esto en mente, luego con el simple hecho de aludir a estructuras de la realidad podemos explicar cómo las cosas se mueven o comportan. Existirían estructuras básicas en cuanto a la existencia, donde ya no encontramos estructuras inferiores, esto es necesario para una base sólida del comportamiento de las cosas, pero son estructuras propias de la realidad como tal, que podría decirse se mueven, pero como son las estructuras básicas, en conjunto con su forma, esa es toda su propiedad (ver en obra “Proposiciones”). Esto es en términos generales distinto a la idea del motor inmóvil, y podemos aludir a esto para explicar el movimiento, de forma que no necesitamos hablar de un primer motor inmóvil en el sentido aristotélico. En cierta forma lo que planteo es similar a la lógica en el mundo, la misma forma parte de la realidad, está incrustada en la misma por decirlo de una manera, y no es necesario ir más allá de la realidad para hablar de la misma, existen cosas axiomáticas propias de la realidad que simplemente son. De la misma forma las estructuras básicas de la realidad más el cambio de estado de las cosas (el cambio de estado como lo más parecido al movimiento en términos de Aristóteles) explicarían cómo las cosas se manifiestan en el universo, o sea, tenemos movimiento que simplemente es y la forma del mismo, que estaría dado por la forma de las estructuras de la realidad, de manera que el movimiento y todo lo que en términos aristotélicos refiere a acto y potencia de las cosas está contenido en las cosas mismas, en el universo material mismo que habitamos.

Consideremos el ejemplo ilustrativo de mi obra “Proposiciones”:

Sin título

Podríamos decir que el estado 2 de la posición del punto es el valle de la estructura, el estado 3 de la posición del punto es la cresta de la estructura y así sucesivamente. La cuestión aquí es que si el punto fuera una partícula tendría una estructura que determina su forma, así sucesivamente, hasta llegar a la estructura primordial de la existencia, que determinará el nivel siguiente, y así con el resto. El comportamiento estará determinado por la estructura de la realidad podríamos decir, en términos generales, que incluye la forma específica de la materia en determinado contexto, donde la causalidad llega hasta el límite de la estructura primordial. Tal estructura primordial es parte misma de la realidad, cómo cualquier otro objeto, de forma que el movimiento y la forma del comportamiento de la cosas está explicado y contenido en la realidad misma, sin necesidad de un Dios por encima o más allá de esta.

En cierta forma lo más aproximado que podemos aplicar el concepto de primer motor inmóvil dentro de este esquema es en la forma de la realidad que hace que la partícula fundamental se mueva de una forma y no de otra, pero esta forma no explica el movimiento, sino que el movimiento es parte de la realidad, sólo explicaría la forma de del mismo en cuanto a la forma específica que adquiere el movimiento para la partícula, pero a su vez la estructura o el motor inmóvil no requiere aludir al pensamiento puro o algo externo a la realidad o algo inmaterial, o si quiera a algo inteligente con metas o fines.

Ahora, el punto final, tanto para la existencia en los términos que hemos tratado, donde las cosas están explicadas dentro del sistema mismo, por decirlo de una manera, o en el caso de una entidad como Dios, no habría razón última para acatar una razón de nuestra existencia o un mandato ético o moral. No olvidemos que un motor inmóvil no tiene nada que lo explique, si este contiene fines, los mismos no tienen una razón de ser o argumento, de forma que no hay necesidad en la realidad o en el ámbito de Dios de acatarlos. De estos aspecto también hablo en mi obra “Proposiciones”, pero en términos sencillos, si para la realidad hay estructuras básicas o límites, y si hay un Dios o primer motor inmóvil que no es explicado por otra cosa, entonces no existe una razón en última instancia que justifique los mandatos éticos o morales de un Dios, por lo que su existencia no es un buen argumento o mejor dicho una base sólida para fundamentar la ética o la moral. Tampoco lo es la realidad en sí, puesto que no habría causas en última instancia. Esto no significa que no podamos encontrar buenos argumentos y bases firmes para la ética o la moral, simplemente debemos buscarla en otro lugar diferente a Dios o principios abstractos en la realidad misma.

 

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