Si la experiencia consciente no es la actividad cerebral, ¿cómo es que el cerebro piensa en el color rojo?

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Leandro Castelluccio

Este ensayo contiene extractos modificados de mi obra “Proposiciones” (ver en link).

Introducción

Como seres humanos conscientes tenemos una experiencia subjetiva de las cosas que percibimos. Concretamente, estas sensaciones subjetivas, denominadas qualia,refieren a la cualidad subjetiva de la experiencia, a estas sensaciones y experiencias que uno subjetivamente tiene de las cosas, digamos, la sensación que uno experimenta del color rojo, cuando observa algo de dicho color (Blackmore, 2005). 

Algunos han teorizado que esta experiencia subjetiva refiere a la actividad neuronal, otros sin embargo, argumentan que dicha experiencia no puede explicarse por medio de la actividad cerebral y refiere a otra cosa más allá de una explicación netamente física. También se puede plantear que sin dejar de ser algo físico, la experiencia subjetiva refiere a otra entidad distinta del cerebro y su actividad, un producto de la misma, por ejemplo.

¿Cómo es que a partir de la actividad y procesamiento cerebral existe algo como el quale? Esta interrogante ejemplifica lo que Chalmers (1995)denomina como el problema difícil (hard problem en inglés).La noción del problema difícil, refiere a la dificultad que existe para los estudios del cerebro y la cognición de entender cómo se vincula un conjunto de entidades materiales y diversos procesos físicos (las neuronas, los neurotransmisores, los potenciales de acción, etc.), con una experiencia mental, las propias sensaciones subjetivas que presentan los individuos.

Una pregunta de gran insight es que si la experiencia subjetiva fuera algo desconectado del cerebro totalmente, ¿cómo es que el mismo reflexiona sobre dicha experiencia subjetiva? Pues si lo pensamos, todo lo que decimos o pensamos respecto a dichas sensaciones depende de la actividad cerebral, el lenguaje que usamos, da cuenta de que reconocemos dicha experiencia, y reflexionamos sobre la misma, y esto lo está haciendo el cerebro mismo. Es como si el cerebro pudiese percibir o dar cuenta de dicha experiencia, de lo contrario nada podría decir de la misma. Y sin embargo, el cerebro no puede “percibir” o dar cuenta de una determinada experiencia. Esto es dejado en claro en los desarrollos respecto a la “noción atómica del cerebro”, que se encuentran en la obra “Proposiciones“. Tampoco es suficiente decir que simplemente la actividad cerebral o neuronal es la experiencia subjetiva, esto en parte derivado de la “noción atómica del cerebro” de la que se habla, y en parte derivado de otros planteos respecto a que también necesitamos ubicarnos nosotros mismo o una identidad con tal actividad, y en consecuencia más aun, necesitamos en resolver el “problema de lo unitario”, del que también se habla en dicha obra. 

Una cosa es la actividad neuronal y otra muy distinta la experiencia subjetiva, el problema no es fácil, pero tampoco es un problema inexistente, es un problema real, que muchos autores reniegan o lo equivalen a un problema hasta lingüístico, efecto quizás de ser tan intricado. En la obra “Proposiciones“, se da cuenta de un modelo teórico de cómo se explican los qualia (como podemos resolver el problema difícil y explicar la experiencia subjetiva) y en sí de qué trata el fenómeno de la conciencia, a la vez de que surgen otros problemas, como el problema de lo “unitario” del que se habla en la obra. A su vez, como autor me encuentro desarrollando un artículo académico respecto a este modelo, el cual se actualizará en el siguiente link: artículo sobre los qualia.

Fuera de esto último, en este ensayo argumento que aun siendo la experiencia subjetiva un producto de la actividad cerebral y no la actividad neuronal misma, aun en este caso el cerebro puede “hablar” o “reflexionar” sobre dicha experiencia, aunque dicha reflexión tiene ciertos límites, que de hecho existen, lo que implica que la experiencia subjetiva puede perfectamente estar a otro nivel, no directamente equivalente a la actividad cerebral.

La experiencia subjetiva depende de la actividad neuronal pero ello no significa que sean necesariamente lo mismo 

Si la experiencia subjetiva a nivel cerebral de la que reflexionamos se da primariamente en base a la activación de patrones neuronales, debemos plantearnos cómo puede dar lugar el cerebro a tal reflexión en base a actividad neuronal sin un acceso a esa experiencia de carácter subjetivo, que parece no tener nada que ver con el flujo de cargas eléctricas y neurotransmisores. 

Un hecho claro y probado por la ciencia, nuestros pensamientos, reflexiones, ideas y lo que decimos en definitiva sobre nuestra experiencia subjetiva implican una actividad a nivel cerebral comprendiendo ciertas estructuras, y esto es primario, o sea,  para poder decir algo de nuestra experiencia subjetiva tiene que generarse determinada actividad cerebral (Kandel, Schwartz, & Jessel, 2001). 

Esto podría hacernos pensar que esa experiencia subjetiva debe ser captada de alguna manera por el cerebro para poder reflexionar sobre la misma, que debe de haber un pasaje de eso subjetivo, lo que a veces nos referimos como lo mental, a lo cerebral (de lo mental a lo bio-físico-químico). Pero antes de que elaboramos una compleja explicación de como eso podría suceder, diré que eso no es posible, tal hecho se ve impedido por lo que llamo la noción atómica del cerebro antes mencionada. Nada en la actividad cerebral es transmitido en el sentido de un pasaje y captación de lo que un patrón neuronal refiere, como la percepción de un objeto, sino que cada patrón activa otros patrones, cada uno es un universo en sí mismo, por decirlo de una manera, lo cual evita que una experiencia subjetiva sea captada o percibida como tal por el cerebro, en todo caso lo único que podría hacer esa experiencia sería activar patrones neuronales, y a partir de estos se llevaría a cabo la reflexión, pero todo parece indicar que la actividad cerebral es primaria, o sea, la percepción de un objeto, por ejemplo, con la experiencia subjetiva asociada comienza con la actividad neuronal generada por el objeto, y teniendo determinado patrón neuronal, a partir de este, de dicha actividad, se activan otros patrones que refieren a la reflexión y lo que decimos o reflexionamos del objeto.

Es innecesario agregar una entidad que representa la experiencia subjetiva que tenga que volver atrás y activar patrones neuronales cuando estos ya pueden y activan perfectamente otros patrones, por lo que no habría contradicciones con tal noción de conciencia a nivel cerebral como si esta refiriese a una activación de cierto patrón, de cierta actividad. 

Notemos a su vez como no podemos decir nada de un quale particular, sino que solo podemos reflexionar sobre varios qualia, no podemos decir nada sobre el color rojo en sí mismo, de la misma forma que un patrón neuronal que refiere a tal color solo se activa, podemos tener asociado el rojo a otras cosas, de la misma forma que tal patrón neuronal del rojo se activa en conjunto otros patrones y se encuentra asociado a los mismos. De esta forma, la experiencia subjetiva y nuestra reflexión de la misma está reflejando el funcionamiento cerebral, y su carácter atómico, indicando que es posible reflexionar sobre la experiencia subjetiva en base a la actividad cerebral, o sea, dentro de este nivel. Por lo que, aunque los qualia refieran de hecho a un producto de la actividad eléctrica, seguiríamos hablando en los términos en que hablamos y seguiríamos reflexionando acerca de la experiencia subjetiva y cómo esta se explica, aunque nosotros estemos ubicados en otro nivel, o mejor dicho, con otra cosa, en cuanto a nuestra identidad (y que los qualia no sean la actividad neuronal). Esto último respecto a nuestra identidad en relación a los qualia y la conciencia se desarrolla también en la obra “Proposiciones“, lo cual es una de las bases fundamentales para explicar la conciencia como qualia, tal como queda desarrollo en dicha obra.

De esta forma, teniendo en cuenta la noción atómica del cerebro, si un núcleo (grupo neuronal) activa otro, no hay una percepción del mismo, por decirlo de una manera, lo cual impediría la posibilidad del cerebro de dar cuenta de la experiencia en sí, o sea, que este de cuenta de la experiencia analizando o procesando su carácter subjetivo, lo que sucede es que una cosa activa otra. Tenemos la capacidad de asociar una percepción con otras cosas y esto permitiría la reflexión, que se traduce en última instancia en esa interrogante de por qué experimentamos algo de determinada manera, pero no parecería que se requiera una identidad con la actividad neuronal para explicar nuestra reflexión sobre la experiencia subjetiva, sin adentrarnos en el hecho de si esa identidad es posible (el problema de lo unitario mencionado en “Proposiciones“).

La experiencia subjetiva mantiene las relaciones que el cerebro presenta en base a la percepción de la realidad

La noción atómica del cerebro es muy importante tenerla en cuenta en el sentido de lo que mencionamos anteriormente. Uno podría cuestionar hasta qué punto el ser humano sería lo que es, en cuanto a su funcionamiento, si el cerebro estuviese despojado de sensaciones o estados anímicos subjetivos, cosas como la recompensa o la tristeza. O sea, que la dimensión subjetiva de le experiencia fuese irrelevante para el cerebro. Como acabamos de indicar, ¿cómo entonces reflexionamos sobre la experiencia subjetiva teniendo en cuenta que esta reflexión depende del cerebro? Sobre qué reflexiona entonces? Como mencionaba, esto parece ser un buen punto para decir que la experiencia subjetiva y el cerebro tienen que ser lo mismo o aun más que la experiencia mental y lo cerebral tuviesen puntos de interconexión y transferencia si no fuesen lo mismo. Sin embargo, repito, el cerebro no reflexiona sobre la experiencia subjetiva, solo puede decir algo en forma de lenguaje sobre asociaciones de cosas que refieren a esa experiencia subjetiva, pero sobre la unidad de experiencia, sobre un quale particular, no hay nada que el cerebro pueda decir. Nada podemos decir del color rojo en sí, en cuanto a la experiencia, y así con el resto de las sensaciones, solo podemos hablar de las asociaciones, de grupos de cosas, o sea, de las cosas asociadas al color rojo por ejemplo. Esto ejemplifica en cierta forma el funcionamiento cerebral y la noción atómica previamente mencionada, lo que sucede son activación de patrones cerebrales, un patrón activa otro, pero no lo percibe o recibe algo de este, por decirlo de una forma, cada uno es un universo en sí mismo, independiente. Esto imposibilita que regiones cerebrales “experimenten” o den cuenta de la experiencia subjetiva manifestada por otros patrones, o sea, que tal tipo de reflexión a nivel cerebral de la que hablamos se lleve a cabo.

Como vemos de esta forma, incluso aunque lo mental fuese los patrones neuronales mismos, y no otro tipo de entidad en paralelo y producido por la actividad cerebral, la dimensión de la experiencia subjetiva, los qualia, sería irrelevante para el funcionamiento del cerebro, lo que hay son patrones que activan otros. 

Quizás cuando pensamos en estados como la recompensa o la tristeza, nos cueste ver como eso no es relevante a nivel cerebral, o sea, como las sensaciones mismas, lo propiamente mental, no es lo que está regulando o modulando el funcionamiento cerebral en vez de activación de patrones desligados de la experiencia subjetiva, de los qualia. Pero fácilmente podemos imaginarnos cómo sensaciones auditivas, que siguen siendo qualia en particular, pueden modular una respuesta, porque parece más sencillo que estas otras sensaciones más complejas. Pensemos que podemos construir un sistema que emita una respuesta a un estímulo auditivo. Muchas veces nosotros mismo nos exaltamos frente a un sonido fuerte repentino de forma automática, casi sin percatarnos en un principio. Sensaciones como la recompensa o la tristeza no dejan de ser qualia, que involucran quizás más elementos, pero que como un sonido, generan activación de otros patrones y modulan la conducta. Lo importante a nivel cerebral es que los parones que representan ese tipo de sensaciones active otros patrones que modulen la conducta y las percepciones. Podría argumentarse, sin embargo, que cuando nos exaltamos frente a tal sonido, este no existe como qualia sino que la reacción es totalmente desligada de experiencia subjetiva en un principio. Pero eso no quita justamente, sino que hasta demuestra, que algo que conocemos como una sensación, pueda existir en forma de patrones sin quale y que activa otros patrones produciendo respuestas. La diferencia entre eso y el resto del comportamiento que el cerebro puede emitir yace en la complejidad y flexibilidad del sistema. La flexibilidad del sistema dependería de mantener tales representaciones y que pudiesen activar distintos patrones en forma variada dependiendo de otros patrones o percepciones, pero la experiencia subjetiva, los qualia, no parece que impliquen una diferencia o contribuyan a la conducta en este nivel cerebral. 

No debemos dejar de lado, y esto es clave, que los qualia hacen una mímica de los patrones cerebrales. Cuando a nivel mental subjetivo, se manifiestan pensamientos de cómo o por qué tenemos experiencia subjetiva, de por qué estas sensaciones y no otras, a nivel cerebral los patrones neuronales dan cuenta (activan patrones vinculados con similitud o diferencia) de que un patrón no es otro (cuando pensamos por qué estas sensaciones y no otras por ejemplo), o por qué un patrón es de una forma y no de otra se puede traducir en cómo o por qué tenemos experiencia subjetiva, y también que un patrón en particular existe se puede traducir en que hay experiencia mental. El cerebro puede hacer estas preguntas e inferencias sobre los patrones cerebrales mismos, o sea, a nivel de lo neuronal, y como lo mental hace mímica de lo neuronal, por decirlo de una manera, es que experimentamos a nivel mental subjetivo las preguntas de por qué tengo esta experiencia mental, y cómo se da, somos en definitiva capaces de tal reflexión, sin necesidad de que lo cerebral “experimente” o sea “consciente” de lo subjetivo, de los qualia. 

Por otro lado, se suele hacer el experimento mental de pensar en cambiar los colores a los cuales los patrones cerebrales referirían, y si hacemos lo mismo para las sensaciones de bienestar o tristeza, podemos pensar qué pasaría si para algo placentero sentimos tristeza o dolor de forma subjetiva, y para lo triste sentimos placer. Pues como todo lo que reflexionamos refiere a la actividad de los patrones cerebrales en primer lugar, nada cambiaría, seguiríamos pensando lo mismo, pero la pregunta persiste, ¿por qué las sensaciones que refieren a la recompensa son como son y no son de dolor o tristeza? Eso no puede ser casual y podría hacernos pensar de nuevo que lo mental tiene que ser percibido por el cerebro. Pero no debemos olvidarnos, como mencionaba, de que lo mental no surge en el vacío sino que replica de cierta manera lo que ocurre a nivel cerebral. Como también lo cerebral replica estructuras de la realidad (no cualquier cosa, sino relaciones de la realidad, tal como se desarrolla en “Proposiciones“), basta darnos cuenta de una escala de notas de más agudo a más grave o viceversa, esto puede estar codificado en la estructura particular del patrón que se activa, que tiene pequeñas variaciones acordes a la nota sentida. Algo similar pasaría con la luz, conforme la longitud de onda varía también el patrón neuronal activado. Por lo tanto, una sensación corporal de roce suave es una cosa, que puede ir aumentando conforme la presión hasta ser dolorosa, en ese sentido la experiencia subjetiva no es puramente mental en el sentido de que sigue una estructura basada en la actividad del patrón neuronal, al igual que otras estructuras, como las percepciones visuales. Y los patrones neuronales varían acorde a los patrones de la realidad. En este sentido podemos imaginar qué hubiese ocurrido si para tal sensación táctil el patrón neuronal al que refiere hubiese sido el opuesto, no creo que el organismo hubiese sobrevivido, pues la estructura del patrón cerebral configura esa estructura de sensaciones y es como el cerebro está hecho y codifica las cosas. Por lo que las sensaciones placenteras y dolorosas son las que como tales se manifiestan, sin poder ser otras por como está organizado el cerebro. Podemos pensar en otras sensaciones que no hacen tanta referencia a una estructura en la realidad de forma evidente, como los sabores u olores, pero sí refieren estas sensaciones a la estructura del patrón neuronal discreto básico al que refieren, de la misma forma que el rojo se distingue del verde.

Esto responde negativamente a una interrogante que puede plantearse de que si la experiencia subjetiva no está anclada en la actividad cerebral por decirlo de una forma, si no sería posible que hubiese actividad neuronal adaptativa para el ambiente pero que la experiencia subjetiva fuera otra. Dicho de otra forma, nuestro cerebro podría procesar la percepción de un objeto en cierto lugar de forma acorde a la realidad, pero nuestra experiencia subjetiva fuera de un objeto diferente en otro lugar. O sea, habría una desconexión entre lo que la actividad neuronal procesa y la experiencia consciente en sí, aun siendo el comportamiento adaptativo, porque es el cerebro el que procesa adecuadamente. Esto no sucede, sin embargo, porque lo que importa para tener una experiencia subjetiva acorde a las relaciones observadas en la realidad, es que la relación se mantenga a nivel cerebral o neuronal independientemente de cómo el cerebro ejecuta o mantiene esa relación. O sea, puede que se configure la percepción de un objeto (que presenta ciertas relaciones en la realidad) mediante ciertas relaciones a nivel cerebral, y esto tiene asociado una experiencia subjetiva que mantiene esa relación, al ser la misma un producto de esta. El hecho de que se cambie a nivel espacial por ejemplo los núcleos de procesamiento de dicha percepción, no cambia la experiencia subjetiva mientras la relación se mantenga en estos nuevos núcleos, la experiencia subjetiva no cambia, de modo que no se genera tal cosa de que exista un desajuste entre lo cerebral y lo subjetivo. Si lo hay, antes que nada hay un cambio a nivel de la relación en el cerebro por transducción, por decirlo de una manera, que directamente cambiaría la percepción subjetiva, pero esto implicaría una percepción no acorde con la realidad, o sea, una falla a nivel de lo que captamos del mundo, y es ante todo un problema adaptativo. Una analogía puede verse en el arte en cierta forma, no es lo mismo una pintura que una fotografía, y dentro de la pintura existen distintas formas de representar algo, cambian los materiales o la forma en que se expone algo, una cosa es un retrato impresionista, otro de tipo art deco o renacentista, pero mientras la relación más o menos se mantenga de lo que se quiera expresar, no importan dichos cambios, a los efectos que estamos viendo el retrato de lo mismo en cada obra, igualmente sucede para la actividad neuronal y la experiencia subjetiva.

En resumen

Por lo que cuando se reflexiona sobre la experiencia subjetiva, esta reflexión tiene una determinada expresión en el plano de la actividad neuronal. Pensar sobre la experiencia subjetiva de un color, es simplemente que se activen determinados patrones neuronales que son activados cuando percibimos tal color, lo que da como resultado la experiencia subjetiva del color. Hablar sobre la experiencia subjetiva del color rojo, es a nivel cerebral hablar sobre la manifestación de la actividad neuronal que refiere al rojo. Y si “le preguntamos al cerebro” si tiene una experiencia subjetiva de rojo, este tiene que tener asociado que por ello se refiere a la manifestación de rojo, que a nivel cerebral refiere a un patrón neuronal determinado, y de hecho cuando hablamos de experiencia subjetiva (tal como se habla en “Proposiciones“) nos referimos a manifestaciones de qualia, el hecho de tener una experiencia subjetiva de rojo, que se manifieste un quale rojo, refiere a que se manifiesta cierta actividad neuronal, el cerebro asocia la pregunta con la manifestación de la actividad neuronal de rojo, la que refiere al espectro de luz de tal color, y diría que sí tiene tal experiencia. 

Si esto no es así, si tal reflexión no es posible, si pensar en el rojo en cuanto al aspecto subjetivo, a la experiencia mental (hacer referencia a eso específicamente), no es posible si los qualia son un resultado de la actividad neuronal, entonces tendríamos que considerar que los qualia representan la actividad neuronal pero tendría que haber algo que denomino “unitario” a nivel de la actividad neuronal y que eso referiría a los qualia, pues debemos resolver el problema de lo unitario tal como desarrollo en mi obra, el cual es otro aspecto del desarrollo teórico que realizo sobre el fenómeno de la conciencia.

Referencias

Castelluccio, L. (2017). Proposiciones. Independently published.

Chalmers, D. J. (1995). Facing up to the Problem of Consciousness. Journal of Consciousness Studies, 2, 200-219

Blackmore, S. (2005) Consciousness: A Very Short Introduction. New York: Oxford University Press Inc

Kandel, E. R, Schwartz, J. H. & Jessel, T. M.(2001). Principios de Neurociencia. Madrid: McGraw-Hill.

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