El agnosticismo, ateísmo y deísmo desde la epistemología

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Leandro Castelluccio

 

                                                                    Imagen de portada: La Sagrada Familia en Barcelona, España. 

 

Este ensayo contiene breves extractos modificados de mi obra “Proposiciones” (ver en siguiente link)


Existen tres aspectos fundamentales que naturalmente nos podemos formular respecto a la noción de una deidad. En estos tres se juega el abanico de posiciones o posturas respecto a Dios, la Religión, la Ciencia y en sí nuestra capacidad para conocer e interpretar la realidad.  En primer lugar está la pregunta de si existe o no un Dios o Dioses (el primer aspecto fundamental). Respecto a esta pregunta, está la actitud epistemológica que tenemos frente a dicha interrogante (segundo aspecto fundamental). Hay quienes plantean que no podemos saber si existe un Dios, hay quienes consideran que sí, de estos, algunos plantean que podemos conocer a Dios con nuestras capacidades intelectuales a través de la ciencia, otros dicen que la ciencia no puede conocer acerca de Dios y que debemos llegar a este a través de la fe u otras formas como la intuición o la experiencia mística. Y el tercer aspecto fundamental es la postura personal respecto a la veracidad de la idea de que existe o no un Dios, algunos simplemente no creen en Dios (aunque esto no significa que nieguen la posibilidad de su existencia), otros sí creen, otros directamente creen que no existe (niegan la posibilidad de su existencia).

Una posición es que puede que nunca sepamos si existe un Dios o no y cuál es su naturaleza, en ese caso, uno podría plantear que deberíamos permanecer agnósticos, no nos pronunciamos respecto a la existencia o no de un Dios.  Respecto a esto, por un lado podemos decir que no conocemos algo como para emitir un juicio, pero diferente es decir qué tanto seguro estamos de que no podemos conocer tal cosa. Siempre podemos realizar afirmaciones estrafalarias con cierta certeza de su falsedad (dado lo que conocemos sobre el mundo, parecerían afirmaciones muy improbables), pero sin experiencia concreta de las mismas, por ejemplo, decir que existen unicornios rosados orbitando Plutón. La posición agnóstica sobre el conocimiento de una proposición fallaría en suponer que distintas proposiciones o hipótesis de la realidad tienen que ser consideradas en la misma medida, al menos, aparentemente, eso es lo que se manifiesta en dicha postura.

De esta forma, la hipótesis de que existe un Dios no cabría tener la misma consideración que la hipótesis, por ejemplo, de que existe vida en otras partes del universo, dado que una hipótesis que no tiene ningún argumento y evidencia o hechos que la respalde tiene otra forma de generación menos directa, ¿cómo es que manifestemos entonces una hipótesis a partir de la nada? Pues dicha hipótesis sólo puede ser fruto de asociaciones establecidas por el individuo, no directamente, digamos, de un hecho identificado en la realidad. Dado lo que conocemos sobre la química de la materia, las observaciones astronómicas y lo que conocemos sobre la vida en nuestro planeta, la hipótesis de que existe vida en otras partes del cosmos es una hipótesis de valor, que vale considerarse en términos de peso empírico (no en términos de indagación personal, por ejemplo), y se deberá así buscar evidencia que la apoye.O sea, la actitud escéptica que considero, sólo puede estar justificada por la evidencia, esto es, cabría, pienso, que uno manifieste duda sobre la certeza de un hecho cuando la evidencia del mismo es insuficiente como para establecer un juicio sobre la verdad de este, pero no podría dudarse de la misma manera de algo por lo cual no podemos establecer nada o hacer ningún tipo de afirmación empírica, como ante la proposición de si Dios existe (habiendo establecido un criterio del término que no implica evidencia), dado que no existiría ninguna evidencia o argumento válido para dicha afirmación, por lo que nada en realidad puede ser dicho objetivamente, sólo se plantearían asociaciones que no refieren a algo en la realidad en última instancia,  y por lo tanto, nada puede ser preguntado o dudado respecto a ello. El escepticismo, considero, sólo representa una postura sensata ante aquellas proposiciones que tienen cierta evidencia y argumento que la respalde, y la duda refiere a la verdad en función de la evidencia disponible.

Algunos agnósticos podrán decir que no podemos saber si Dios existe, y toman eso como una actitud imparcial. Sin embargo, hay un problema, ¿cómo sabemos que no podemos saber si Dios existe?Decir que no podemos saber si Dios existe supone algún conocimiento sobre Dios, y si tal conocimiento tiene un respaldo en la evidencia, no sería el caso de que no podemos saber o al menos tener un indicio de la existencia de Dios. Tomemos el ejemplo de una afirmación presente en muchas religiones que considero errada, la de que Dios es incognoscible, no quiero decir con esto lo contrario, me refiero a que para hacer tal afirmación de hecho, uno debe tener cierto conocimiento de la naturaleza de Dios, para afirmar que es incognoscible, pero si uno sabe algo de la naturaleza de Dios, no es cierto que sea incognoscible. Esto sería una paradoja en muchas religiones.

Aferrarse a la experiencia es crucial para hacer afirmaciones, ¿pero hasta qué punto podemos permanecer agnósticos ante la posibilidad de obtener cierta evidencia? (según un criterio de la noción agnóstica).

¿Qué tan probable es que existan unicornios rosados orbitando Plutón? Lo que decimos sobre la probabilidades en base a nuestro conocimiento de algo y el desconocimiento de algo. Si pudiese determinar todos los factores causales de algo no cabría hablar de probabilidad, lo único que nos dice la probabilidad es un conocimiento frente a la sucesión de hechos pasados o inferidos por determinado conocimiento. El ocurrir de algo es tal.Observamos en general que las cosas más simples en términos de explicaciones implican la probabilidad de que otras explicaciones de carácter simple reflejen el mundo, es así en base a nuestra observación, pero ciertamente no existe una necesidad lógica de que esa explicación de la realidad sea cierta, en el sentido de decir que es lo único posible. Aunque no debemos entender la idea de parsimonia simplemente como explicaciones de cosas simples, se habla de la simplicidad no estrictamente en los términos que solemos referirnos frente a algo simple o complejo, sino directamente para referirse a la noción de que algo no tendría que tener agregados innecesarios en cuanto a su explicación, si basta con lo que ya tenemos, puede que lo que ya tenemos sea muy complejo, el punto es el de no agregar algo más, cuando no contribuye a su explicación, y hace que sea aun más complejo.

Si quisiésemos probar que existen los unicornios, podremos probarlo si vemos uno (en una aproximación simplista), pero si no vemos uno, no desaprobaría su existencia como tampoco lo aprobaría, por lo que no podríamos probar su inexistencia, eso no sería posible definida la hipótesis de forma tan abierta, aunque podríamos llegar al punto de afirmar que su existencia es poco probable.

Es como si tuviésemos una pantalla que no nos deja ver lo que está detrás, y lo que se dice es que detrás de esta pantalla existe un Dios. Pero si nunca se ha visto siquiera lo que hay detrás de esta, ¿qué tan probable es que lo que se diga es lo que realmente hay detrás? Podría ser cualquier cosa, o nada. Puedo conocer algo o puedo no conocerlo, si no puedo conocerlo, porque existe una pantalla que no me deja ver, ¿por qué mantener la posición de afirmar la imposibilidad de dicho conocimiento si no conozco que dicho conocimiento pueda o no ser alcanzado? Esto no es estrictamente lo que plantea el agnóstico, pero puede considerarse este criterio. No sé la naturaleza de lo que está detrás, tal vez puedo saberlo de alguna manera.

Podría plantearse que más sensato sería no considerar la afirmación como cierta al no tener evidencia, por lo que uno diría que no cree, lo que no significa decir “creo que no existe”, eso es lo mismo que “creer que existe”.

Por lo que la cuestión es la siguiente. Tenemos una afirmación que proviene de asociaciones de nuestra mente, no de percepciones directas de la realidad, de que existe un Dios, donde no hay evidencia de lo que se plantea. Se puede decir que el conocimiento de dicha entidad es imposible, pero eso cae en la contradicción de que para afirmar eso es necesario conocer algo de Dios. ¿Y cabe ser agnóstico frente a la afirmación de que existe un Dios cuando es una afirmación que no se sustenta en evidencia alguna? No todas las afirmaciones valen considerarse de la misma forma. De nuevo, ¿qué tan probable es que hayan unicornios rosados orbitando Plutón? ¿Cabe mantener la posición de que es algo posible que se debe confirmar cuando se tenga evidencia al respecto? Lo mismo ocurriría con la afirmación de que existe un Dios.

Ahora, ¿podemos probar la inexistencia de Dios?La existencia-realidad, en el sentido de lo que solemos llamar mundo, refiere a un conjunto de ciertas entidades (aquellas cosas que decimos percibir, por ejemplo), e implica también una estructura espacial-temporal. Cuando hablamos de lo no real, lo que no existe, nos referimos a que algo que uno manifiesta, ciertas cosas que uno asocia por ejemplo, no refieren a entidades que forman parte de lo que llamamos realidad independiente de uno, o si hablamos del ámbito mental, manifestamos que cierto contenido mental, por decirlo de una manera, del cual una habla, no está presente, no refiere la entidad estando presente en el momento, por ejemplo. Hablamos de entidades mentales que forman parte de lo que existe, de lo que llamamos realidad, pero restringido a al ámbito de los sujetos, no fuera de los mismos. Lo no existente, lo no real, no es posible de ser percibido. En la vida cotidiana, al decir que no hay una taza sobre una mesa, que eso no existe en tal lugar, se suele manifestar que no hemos percibido tal caso, pero en el sentido último de no existencia, es manifestar que eso no se percibe bajo ninguna circunstancia, pues no refiere a una relación de entidades en tal momento que forman parte del mundo. Uno puede decir que algo existe pero que por X razón no podemos identificarlo, pero lo que no existe en sí, no puede ser percibido. Lo que no existe, lo no real, puede referir también a lo ilógico (lo que no es posible), como que un triángulo tenga cinco lados. Pues bien, sólo podemos conocer lo existente, la noción de no existencia es una asociación que involucra el hecho de que no hay percepción posible de algo pensado o dicho, por ejemplo, en el mundo que habitamos, o una noción se contradice lógicamente, pero uno nunca podría probar directamente, por decirlo de una manera, la inexistencia de algo, ya que necesitaría de la noción de existencia, pues “algo” implica realidad, existencia, y se plantea lo inexistente. Ahora, no podemos probar esto directamente, lo único que cabría sería una forma indirecta de prueba si se le puede llamar así, y es probar la existencia de algo que consideramos existiría, cuya existencia contradice otro hecho, de forma que si A es el caso B no puede ser posible. O sea, podemos probar la inexistencia de algo, probando la existencia de otra cosa, cuya existencia contradice la existencia de lo primero. De modo que podríamos probar indirectamente la inexistencia de Dios, mediante pruebas que contradicen las afirmaciones respecto a Dios. Por ejemplo, se dice que Dios es todopoderoso, sin embargo, ¿puede Dios cambiar su propia naturaleza por ejemplo? Cualquier cambio que Dios haga estará basado en la propia naturaleza de Dios, de modo que su naturaleza antecede el hecho de cambiar su propia naturaleza, sería su propia naturaleza lo que lo determina a querer cambiarla, de modo que en última instancia este principio fundamental lo condiciona, lo determina, y es el responsable último, cualquier cambio es condicionado por esta naturaleza, de modo que en última instancia Dios no puede cambiar su naturaleza, solo puede comportarse de acuerdo a su naturaleza , y solo si esta incluye cierto cambio, es que puede haber alguno, pero este es subordinado a la naturaleza misma. De modo que en base a este hecho lógico, no es verdad que Dios puede cambiar su naturaleza.

Relacionado con lo anterior, está lacuestión de la verdad, y por qué una persona cree o no en Dios. Si consideramos que no hay evidencias de la existencia de un Dios, entonces nadie apoya la idea de que existe un Dios o cree en él porque sea algo cierto. La apostura de creer en Dios refiere a considerar que este existe, o sea, considerar que es verdadera la afirmación de que existe un Dios, pero en ausencia de evidencia que apoye tal afirmación. Aquí entra la cuestión de la fe, las afirmaciones sobre la realidad pueden o no estar basadas en evidencia, y en consecuencia podemos pronunciarnos en mayor o menor medida sobre la posibilidad de la veracidad de tales afirmaciones, pero paralelamente a esto uno puede tener fe sobre algo, o sea, considerar la veracidad de algo en ausencia de evidencias.

Desde una perspectiva científica u objetiva desde el lado de la postura epistemológica que adoptamos respecto al conocimiento de la realidad, la verdad de una afirmación y cómo llegamos a la misma conlleva múltiples factores orientados a que las afirmaciones tengan correspondencia con la realidad independiente de uno. Las personas que se caracterizan por tener posturas científicas u objetivas o estar más adiestrados en el método científico, suelen apreciar enormemente el valor o el peso de la evidencia frente a multitud de afirmaciones, muchas veces incluida la afirmación de que existe un Dios. De modo que frente a la ausencia de evidencia de tal afirmación, muchos adoptan la postura del ateísmo, en el sentido de no considerar tal afirmación como cierta dado que no hay evidencia que la respalde. Una postura similar adoptaría el agnóstico, pero como se menciona anteriormente, esta postura puede tener la problemática de considerar afirmaciones poco probables como de igual valor de consideración. De todas formas, un ateo o agnóstico en el sentido anterior simplemente no consideran que es verdad que existe Dios, no porque no pueda existir de hecho, sino porque no hay evidencia que respalde la afirmación.

Ahora, ejercer actos de fe es algo que puede considerarse que es del día a día. Se dice que a veces somos optimistas frente algo, pensamos que X va a ser el caso, aunque no tengamos evidencia de eso, podríamos optar por el caso contrario, esperar algo malo, o no tener expectativas, pero suponer el camino positivo puede ayudarnos a motivarnos, a enfrentar un obstáculo o a mejorar nuestro estado de ánimo. Difícilmente sabemos qué será de nuestras vidas, uno piensa que habrá cosas buenas y eso nos motiva a hacer cosas, en cierta forma hay una actitud de fe, diríamos, en tal postura. Por lo que uno no descartaría la fe como algo negativo simplemente porque no necesariamente es lo más objetivo. Aunque, quedaría a la espera de mejores ejemplos para llegar a esa conclusión. Tengamos en cuenta que en el caso del optimismo no hay verdaderamente un acto de fe, en el sentido de que lo que se considera muchas veces no es el hecho de que lo bueno va a pasar, creer que lo bueno es lo que va a ocurrir en ausencia de evidencia, lo que tenemos en mente es que lo bueno puede ocurrir, lo cual sí está basado en evidencia, tenemos el conocimiento de que lo bueno es algo factible, que puede suceder, no es algo imposible de acuerdo a la realidad, que suceda o no, eso es lo que uno verá luego. De la misma forma uno se puede aferrar a la posibilidad de que Dios existe, como algo motivador para esa persona, como un enigma a resolver, pero no necesariamente creer que Dios existe, no hasta tener evidencias del mismo.

Por otro lado, unopuede decir que el conocimiento de Dios parte de la intuición de uno, que está más allá de lo observable y que es igualmente válido que lo observamos dentro de un marco científico estandarizado. Pero pensemos que la intuición no puede partir sin conocimiento, de lo contrario no tendría causa, no tendría asociaciones previas en el proceso causado que la active, si pensamos en los aspectos mentales que la generan. La intuición podría ser aquello que ante determinado conocimiento, nos dice, por ejemplo, que la Tierra es plana e igualmente podría darnos las pistas para considerar que no lo es. De modo que la intuición no es garantía de certeza. Podría plantearse que la certeza por intuición es el resultado de una coincidencia. ¿Pero es esto así, o la consideración por ejemplo de que la Tierra es plana es una generalización o una inducción errónea? ¿Es verdaderamente intuición? Depende de nuestra definición, el criterio que establezcamos. La intuición puede ser el conocimiento que no puedo explicar quizás. En este caso entonces es un conocimiento del cual no puedo dar cuenta de las asociaciones que lo gestaron. No somos conscientes de todas las asociaciones que generan una actualización consciente del resultado en asociaciones de cosas. Pero esto implica que no escapa a la realidad mental y el funcionamiento en base a asociaciones, no es algo más. Así, toda intuición puede referir a asociaciones (o mejor dicho relaciones) de cosas en la realidad, en el sentido de asociaciones de cosas generadas por el funcionamiento en asociación, pero no implican que dichas asociaciones de cosas generadas refieran a cosas que efectivamente se dan en el mundo.

El fruto del trabajo intelectual también puede ser no verdadero, pero puede serlo. La intuición también puede ser verdadera, pero dicha veracidad podría ser fruto de la coincidencia, por sí sola, no es garantía de la verdad. O sea, no debemos creer que tanto lo intelectual como lo intuitivo nos da la verdad, en el sentido de que la verdad suele ser algo que requiere tiempo para captarla y ni lo intelectual ni lo intuitivo son en sí fuentes de certeza como tales. La comprensión intelectual refiriendo a algo verdadero es tal cuando refleja la realidad, las relaciones que se dan de hecho en la realidad. A veces existe un aspecto contra-intuitivo de la realidad, donde lo que parece obvio no resulta ser el caso. Una proposición sobre algo no es en sí verdadera, a menos que refleje la realidad o resulte un postulado lógico en sus términos, si nos referimos con esto a la verdad en un caso particular. La forma de determinar con mayor certeza si refleja la realidad es mediante la evidencia y la lógica, porque estos son la realidad.

La creencia en Dios no tiene por qué ser rechazada, nada concluye que se deba adoptar una postura de “creer que no existe”. La posibilidad de su existencia no ha sido aquí negada, pero sí debemos tener en cuenta el por qué o la razón de ciertas posturas, desde la perspectiva epistemológica.

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