El trato desigual para personas no-iguales – Algunas reflexiones

©

Leandro Castelluccio

 

(Imagen obtenida de Wikipedia, ver en: https://es.wikipedia.org/wiki/Igualdad_ante_la_ley)

 

“Todos somos iguales ante la ley”, es un concepto arraigado dentro del marco legal y constitucional de gran parte de las naciones republicanas modernas. La ley establece esta igualdad, haciendo explícito en muchos casos la distinción de diferencias reconocidas en base a talentos o virtudes. La interpretación común de esto es que todos deberíamos ser tratados por igual ante la ley, aunque en la vida real seamos diferentes (se reconoce estas diferencias, pero no se actúa en base a ellas).

Hoy en día sin embargo, muchas veces se intenta diferenciar en materia de la ley, en el sentido de quebrantar la noción de igualdad ante la misma para incentivar otro tipo de igualdad, una igualdad real como se suele decir. El nuevo concepto es el trato desigual para personas no-iguales. Esto es, se reconoce que las personas son diferentes, y que no todos tienen los mismos talentos y virtudes, o a sus efectos también, los mismos recursos materiales, y que por ende deberían ser tratadas de forma diferente en base a tales diferencias, con el fin, se argumenta, de igualar a las personas. Esta noción iría de la mano con la idea de brindar asistencia por parte del Estado a las personas que más lo necesiten, por ejemplo. Si el trato del Estado fuera igual para todos, no habrían tales distinciones o podría decirse no habría de llevarse a cabo tales discriminaciones a favor de ciertas personas, aunque el alcance de eso es debatible.

Hay argumentos a favor y en contra de lo que se llama acción afirmativa, o la discriminación positiva, donde de una forma u otra se intenta favorecer a grupos considerados excluidos o discriminados en la sociedad, en los distintos ámbitos, educativos, laborales, público-estatales, etc.

Usualmente, aquellos que se oponen a este tipo de discriminación positiva, refieren al hecho de que este tipo de discriminación va en contra de principios o ideales meritocráticos. Tal como afirman Augoustinos y Every (2005), teniendo en cuenta cierto contexto de la investigación de estos autores, este argumento de la meritocracia es comúnmente empleado y dado por sentado, al mismo tiempo que se asocia a la idea de que independientemente del contexto o los antecedentes de uno, las personas deberían ser tratadas de forma igual. En conexión con esto, tal como afirma Bacchi (2004), las personas suelen aceptar la premisa de que existe una igualdad de oportunidades para las distintas personas, teniendo en cuenta que las reglas sociales son generalmente justas. Bajo estas premisas, es quizás más entendible un rechazo a la noción de discriminación positiva, teniendo en cuenta cierto entendimiento del asunto o determinadas creencias. ¿Pero que pensaríamos si de hecho la discriminación positiva y la meritocracia no estuvieran en polos opuestos o en contradicción? ¿Y verdaderamente estamos dispuestos a considerar que las reglas sociales son justas para todos?

Son Hing, Bobocel y Zanna (2002) consideran que las personas que tienen en cuenta el mérito como algo importante deberían estar motivadas a combatir la discriminación ya que la misma sesga la evaluación acerca del mérito de alguien. Dichos autores encontraron evidencia de ello al investigar las percepciones pre-existentes de los participantes de su investigación y al inducir experimentalmente percepciones de discriminación. Ahora, en términos argumentativos o teóricos, la intervención no necesariamente es deducida de la existencia de discriminación, aunque se afirme que las personas hagan eso en base a tal percepción, pues por ejemplo no siempre se elige al candidato justo, o el más capacitado para un puesto de trabajo, eso no significa que exista o deba existir un comité de evaluación externo o un control estatal sobre la selección de personal, por ejemplo. O sea, en el día a día, aceptamos que las circunstancias no siempre son justas, quizás uno era mejor candidato, pero a uno no lo eligieron, y eso no implica que debamos forzar a los empleadores a elegir al candidato adecuado, que podría llevarse a cabo mediante un comité externo o un control estatal. Ahora, podría argumentarse que eso no es lo mismo a la discriminación, pues el error humano es un hecho y ocurre, es parte de la vida diaria, incluso el comité externo y el control estatal podrían equivocarse y considerar a la persona menos apropiada frente a la alternativa del empleador, sin embargo, ¿qué nos hace pensar que la discriminación positiva no podría llegar a tener resultados negativos en determinado contexto, y de tal forma, se estaría cometiendo un error también por parte de la misma? Esto es parte también del hecho de si se está dispuesto a permitir que las personas se equivoquen, el empleador puede elegir al candidato menos adecuado, y la meritocracia no estaría allí funcionando, y también podría discriminar, y allí también fallaría la meritocracia, ¿pero por qué permitir una cosa y no la otra? ¿Es una cosa éticamente inferior a la otra? Podría considerarse que existe una marcada diferencia en términos éticos de una cosa frente a la otra pero también es importante entender que esto de permitir o no el error o la discriminación es en realidad una falacia, pues el error forma parte de lo humano, de forma que el regulador, la ley, y en definitiva el que impone la discriminación positiva no está exento de cometer error al llevarla a cabo, independientemente de que esté intentando eliminar el error, sería así algo axiomático.

Esto es algo pertinente para el Estado, cuando este impone algo a la sociedad (como la discriminación positiva) puede estar cometiendo un error y generar un perjuicio a las personas, así con cualquier otra actitud, o por el contrario podría generar un cambio positivo, en el caso de que la discriminación positiva funcionase, por ejemplo, pero tiene una contrapartida, y es que el Estado no genera un efecto positivo en base a medios nobles (se arroga la potestad de saber lo que es correcto y forzar a otros a acatar su juicio). Pensemos en el lugar del empleador que discrimina a una minoría, una cosa es su error, pero otra obligarlo contra su voluntad, eso deja un precedente que baja el nivel en cuanto lo que hubiese sido si el cambio fuera genuino, motivado naturalmente por la flexibilidad de la persona y las actitudes de los empleados, donde exista un proceso de mutuo respeto por la agencia personal de cada parte, eso habla de la asertividad y los derechos de cada uno, y está conectado con el último aspecto que comentaré hacia el final. Bajo esta línea de pensamiento, D el Estado debería abstenerse de implementar actitudes del tipo de discriminación positiva, ya que en términos de recompensa máxima posible el Estado lleva a menos.

Ahora, cómo ponemos en perspectiva la actitud de discriminación del empleador también afecta la forma en como evaluamos todo el asunto de la discriminación positiva. Podría decirse efectivamente que una cosa es considerar al otro como posible candidato, otra cosa es descartarlo en base a la discriminación (tienen distinto peso moral), podría considerárselo inferior, intelectualmente menos apto o capaz, etc., eso es un error, otra aspecto es el componente de desagrado y rechazo frente a la persona, ¿pues qué ocurre en ese caso cuando alguien inteligente del grupo discriminado aparece? Eso retaría la actitud del que discrimina, la cambia o también la refuerza, en ese último caso ya no importaría las creencias en cierto modo. ¿Por qué esto último? Pues el empleador podría llevar al sujeto a situaciones que confirmen su creencia de inferioridad, desbordarlos de trabajo, forzarlos a hacer cosas que no están preparados para hacer, etc., el que discrimina sobrestimaría y toleraría más también la capacidad de alguien de su grupo de llevar a cabo todo eso, de forma que la presencia de alguien diferente no necesariamente cambiará la actitud del empleador, en cuanto a la discriminación que lleva a cabo, pero que la persona esté allí podría iniciar el camino para el cambio, pero sería todo un reto para el que es discriminado.

Por lo tanto, ¿qué hay de las consecuencias o resultados de la aplicación de tal discriminación positiva? Un trabajo central sobre este aspecto fue llevado a acabo por Coate y Loury (1993), quienes desarrollan un modelo el cual predice que en contextos laborales, ante determinados casos o situaciones, la discriminación positiva eliminaría necesariamenteestereotipos negativos sobre el grupo minoritario. Sin embargo, existirían circunstancias igualmente plausibles donde dicho tipo de discriminación positiva no solo fracasaría sino que también generaría el efecto contrario, profundizando los estereotipos negativos. Los autores concluyen en parte que para combatir eficazmente la discriminación y romper con estereotipos, en ciertas situaciones más que llevar a cabo discriminaciones positivas de forma forzada, sería mejor incentivar a los trabajadores desaventajados a ofrecer mayor esfuerzo.

Noon (2010) plantea que en el caso de la meritocracia, la discriminación positiva no lleva necesariamente a un detrimento de la misma. Consideremos que no siempre se tiene a un candidato más apto para el puesto de trabajo, sino que podemos tener a dos o tres con iguales calificaciones en cuanto a idoneidad, allí es donde entraría la discriminación positiva, donde no hay razones ligadas al cargo que afecten la decisión, allí se podría elegir por las personas pertenecientes al grupo menos representativo, por ejemplo. Al mismo tiempo, este autor considera falso asumir que existe una medida objetiva de lo que sería el mejor candidato para el puesto de trabajo. Esto relativizaría el papel que juegan los tests y las evaluaciones técnicas. Ahora, porque los tests no estén exentos de error, no relativizaría el papel de la meritocracia, o la idea de elegir al mejor candidato, ni que ello signifique que la persona escogida no sea idónea. Agregaría también que en los casos en que hay dos candidatos iguales, profundizar en cuestiones o características para la tarea, la actitud, la motivación, el entusiasmo, etc., sería preferible a aplicar un criterio azaroso, que sería teóricamente equivalente a la discriminación positiva, o sea, la selección de un sujeto para un puesto de trabajo debe estar basada en la idoneidad de la persona para dicho puesto, en diversos aspectos, sin embargo se forzaría la aplicación de un criterio desligado de este aspecto, en ese sentido es algo arbitrario.

Pero en definitiva, quiero destacar el gran problema de la discriminación positiva, en el ámbito del trabajo, o en cualquier otro ámbito que tenga las mismas características, y es el que refiere a la intensión del empleador o de las personas involucradas, y la persona discriminada, cuando se obliga al empleador a contratar a alguien que no tiene la intensión de hacerlo, genera una manifestación de falsedad, una debida y justa manifestación, ellos son obligados a contratar al sujeto, y esa puede no ser la genuina voluntad de ellos, o sea, eso no está en consonancia con sus intensiones, que podría casualmente estarlo. Esto es crucial para el sujeto discriminado, la falsedad va para ambos lados, y esto afecta cosas que son difíciles de medir, y que suelen ser relegadas a un segundo plano o directamente no tratadas, como el hecho de que la discriminación positiva afectaría procesos subyacentes respecto a la autoestima, la libertad, la agencia personal y la asertividad de las personas. Una persona contratada en base a que fue obligada a ser contratada, sea de forma directa, o mediante un tie-break como menciona Noon (2010), quedaría vulnerable a sentimientos de falta de genuinidad que repercute en diversos aspectos de su vida. Y por parte del empleador, aunque finalmente este cambie la actitud de discriminar y afirme que estaba equivocado, este fue obligado en primer lugar, lo cual generaría sentimientos negativos frente a otros, en la medida que su agencia personal, su libre albedrío, no fue respetado, sino que alguien se arrojó la potestad de decidir por este e imponer su criterio, ello va en contra de la posibilidad de máxima recompensa posible y la autoestima en general, según mi criterio.

Y un punto final, el poder de generar corrupción política al introducir intereses de ciertos grupos es algo crucial en lo que refiere a la discriminación positiva. Cuando el Estado debe tratar a todos por igual no hay posibilidades para que los políticos obtengan votos y poder en base a la pretensión de favorecer a ciertos grupos. Cuando el Estado se arroja esa posibilidad, compra votos con su promesa de llevar a cabo ciertas cosas a favor de un grupo, porque la igualdad ante la ley ya no es tal, y el Estado puede brindar un trato preferencial a algunos, esto abre la posibilidad a la corrupción, pues es una puerta a una forma de obtener mayor poder dentro del Estado.

Referencias

Augoustinos, M., Tuffin, K., & Every, D. (2005). New racism, meritocracy and individualism: Constraining affirmative action in education. Discourse & Society16(3), 315-340.

Bacchi, C. (2004). Policy and discourse: challenging the construction of affirmative action as preferential treatment. Journal of European Public Policy11(1), 128-146.

Coate, S., & Loury, G. C. (1993). Will affirmative-action policies eliminate negative stereotypes?. The American Economic Review, 1220-1240.

Noon, M. (2010). The shackled runner: time to rethink positive discrimination?. Work, Employment and Society24(4), 728-739.

Son Hing, L. S., Bobocel, D. R., & Zanna, M. P. (2002). Meritocracy and opposition to affirmative action: making concessions in the face of discrimination. Journal of personality and social psychology83(3), 493.

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