El maestro y el hombre común en el Tao Te Ching – Algunas reflexiones

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Leandro Castelluccio

 

Imagen obtenida de Wikimedia Commons (ver en: link)

 

En el Tao Te Ching de Lao-tzu, hay un verso que dice lo siguiente:

“El Maestro no trata de ser poderoso; por lo tanto, él es verdaderamente poderoso. El hombre ordinario sigue buscando poder; por lo tanto, nunca tiene suficiente. El Maestro no hace nada, sin embargo, no deja nada sin hacer. El hombre común siempre está haciendo cosas, sin embargo, le quedan mucho más por hacer.”

Con esto se expresa una concepción interesante del comportamiento del ser humano, que en cierta forma puede llegar a reflejar intuiciones diarias que podemos llegar a tener, pero que amerita ciertas salvedades y reflexiones.

En el mismo sentido del verso, podemos aplicar otros conceptos, como la justicia, la bondad, la inteligencia, etc., de forma que podríamos decir que el maestro no trata de ser justo y por lo tanto es verdaderamente justo, el hombre común busca ser justo, por lo tanto nunca lo es. En cierta forma esto puede reflejar la actitud de un comportamiento interesado, que a los ojos de las personas reflejaría una actitud egoísta más allá de la acción como fin primordial, y esto le otorgaría el carácter de negativo a dicho comprtamiento. De esta forma, las personas que buscan ser justas o buscan ser poderosas lo hacen con una intensión consciente, o sea, tienen un interés, quieren ser justas o poderosas, por lo que sus acciones pueden llegar a centrarse en eso y no en la justicia o la capacidad en sí misma. Esto sugiere que muchas conductas y actitudes que pueden resultar a la vista de otros como justas en realidad podrían tener fines escondidos, como el buscar ser poderoso. O sea, hay una diferencia entre ser poderoso, y como tal, expresar actitudes de poder y otra cosa es buscarlo de forma interesada en el sentido de que las conductas pierden su carácter genuino y uno en realidad no se percibe como poderso, en definitiva uno no lo es para sí. Poderoso aquí no necesariamente implica un sentido negativo, podemos hablar de alguien poderoso en habilidad, en competencia o capacidades, un gran atleta es un sujeto poderoso en su campo.

Imaginémosnos entonces una persona que es justa con alguien no porque considera que eso es importante o lo correcto, sino porque la persona quiere sentirse moralmente superior o mejor que otros porque “es justo”, es ese caso, la persona deja de ser justa, y se convierte en alguien “interesado” o con intereses ocultos, digamos, que no refieren a ser justos con la persona en sí, por la calidad de la situación en sí, o sea, por el valor de ser justos con los demás. Aquellos que manipulan a otros para sus propios fines, pueden parecer justos o buenos en sus actos, pero en realidad no les importantan los mismos, sólo en la medida que los favorece a ellos, independientemente de los otros. Esto es una interpretación de los versos de Lao-tzu, que considero no debe confundirse necesariamente con la idea de que si algo tiene un componente personal ya no es bueno o justo, o en términos generales, ético o moral. Pues, inebitablemente existe un componente personal y auto-centrado respecto a la experiencia, de forma que la cualidad de recompensa y valoración de ciertos actos o conductas éticas o morales tienen un aspecto egoísta por decirlo de una manera, y esto no es algo malo, sino que es parte de nuestra naturaleza.

Por otro lado, podemos incluir otro aspecto a la interpretación de Lao-tzu, y es la que refiere al carácter consciente o inconsciente de la conducta. Parecería según dicho pensador, que el componente inconsciente es de gran importancia y que ser, por el contrario, muy conscientes de algo puede generar interferencias en el desenvolvimiento natural frente al mundo en cuanto a nuestra conducta. Pensemos por ejemplo en los atletas de elite, cuyas habilidades se encuentran tan naturalizadas que no hay procesos conscientes (en el sentido de mucho detenimiento en y mantenimiento consciente de todas las variables en juego durante la conducta), sino que la acción es, diríamos, automática o espontánea. Es más, cuando la conducta no fluye de manera inconsciente, natural o automática, el rendimeinto es menor. Lo que Lao-tzu parece reflexionar es que lo mismo sucede en el caso de nuestra conducta en otros ámbitos. Se necesita un componente de naturalidad y afinidad con el desarrollo natural de una actitud o conducta para ser verdaderamente justos o buenos, o habiles o poderosos. Aquél que es muy consciente de todo eso, que trata demasiado en lograr todo eso, el que mantiene todas las variables en su mente al momento de efectuar la conducta, no logra ser verdaderamente justo o bueno, etc. De todas formas, aquí también debemos tener en cuenta que una acción de carácter inconsciente puede ser mala y dicho componente insconciente ser por el contrario un obstáculo para rectificar la conducta y lograr una actitud más positiva, por lo que un caso no implica lo otro necesariamente, o sea, la conciencia puede ser a su vez un factor que promueva un cambio positivo. Y de nuevo, también es cierto que ciertas ideas o cosas que la gente mantiene de forma consciente pueden ser al revés, perjudicial para la persona o los demás. El asunto no es tan sencillo como que una cosa es buena y la otra mala. Podría argumentarse también que son aspectos conscientes los que interfieren cuando la conducta inconsciente es negativa y no encuentra su desenvolvimiento natural positivo, pero esto puede desviarnos hacia un punto y no ver la totalidad, que tanto los aspectos conscientes como inconscientes pueden tener un carácter positivo o negativo, la custión está quizás en el balance.

¿Hasta qué punto mucho de este carácter consciente de las cosas afecta nuestra felicidad? Pensemos en la consciencia de nuestro propio cuerpo, en sus supuestas imperfecciones, en cómo deberíamos ser, qué deberíamos tener, qué es lo moral e inmoral, mucha de las cosas que mantenemos de forma consciente respecto a estos aspectos son problemas que nos generamos nosotros mismos, expectativas y exigencias innecesarias y que afectan nuestro bienestar. Esto también cabe reflexionar.

“El Maestro, al residir en el Tao, establece un ejemplo para todos los seres. Porque él no se muestra a sí mismo, la gente puede ver su luz. Porque él no tiene nada que probar, la gente puede confiar en sus palabras. Porque él no sabe quién es, las personas se reconocen en él. Porque él no tiene ninguna provocación en mente, todo lo que hace tiene éxito.”

“El que se pone de puntillas no tiene forma. El que corre adelante no llega lejos. El que trata de brillar atenúa su propia luz. El que se define no puedo saber quién es realmente. Él que tiene poder sobre los demás no puede empoderarse a sí mismo. El que se aferra a su trabajo no creará nada que perdure. Si quieres estar de acuerdo con el Tao, solo haz tu trabajo, luego déjalo ir.”

*Tao Te Ching, Lao-tzu

*Diferentes versiones gratuitas de libre adquisición se encuentran disponibles en Internet

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