El enojo y la ofensa: ¿cómo podemos entenderlos mejor y su relación?

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Leandro Castelluccio

El enojo y la ofensa son dos fenómenos que suelen estar íntimamente relacionados. Por un lado tenemos una emoción básica y por otro una sensación con un componente conceptual más elaborado donde se entrelazan diversos mecanismos que incluyen nuestras interacciones con los demás, los valores, la cultura y nuestros comportamientos asociados. La ofensa ha sido fruto de debate filosófico y legal, e incluso ha sido utilizada en la regulación y control de la sociedad por parte de las distintas autoridades vigentes.  Es un componente importante en la psicología ya que involucra diversos esquemas cognitivos, percepciones y comportamientos. Aquí se reflexionan sobre algunos aspectos de este tema desde un enfoque que contempla un sistema ético basado en altos estados de recompensa (como el propuesto en Proposiciones), y diversos aspectos psicológicos.

Por un lado, se ha teorizado acerca de que el enojo puede ser un signo de debilidad. Pensemos que nuestro mundo está rodeado de acciones surgidas de una orientación hacia una recompensa de corto plazo, donde se deja de lado el cultivo de capacidades, y en forma general de autoestima, acciones alimentadas por escasa capacidad, y que llevan a las personas a estados de menor recompensa. Lo basado en los estados de mayor recompensa, las acciones ligadas a esto implican fortaleza. La fortaleza se da principalmente en la autoestima, esto es el verdadero poder o capacidad en el sentido de que está asociado a estados de recompensa, la autoestima como el estado de disfrute, satisfacción, bienestar o alegría relacionado con lo que uno es capaz de hacer, que es complejo y se aleja de la norma, que va más allá de lo que otros pueden hacer. Mayor autoestima implica mayor capacidad de crear, producir, superar obstáculos, lograr cosas de forma independiente sin la necesidad de intermediarios, y más aun sin la necesidad de someter a otros a los propios fines, eso sería síntoma de falta de capacidad, de menor autoestima y no promueve su expansión, pues el crecimiento es hacia la independencia.

Ahora, muchas diferencias hay entre una ofensa, que es algo puntual, aislado, donde la agresión podría no ser una respuesta apropiada, de lo que es un hostigamiento continuo hacia uno, donde cierto monto de autoafirmación y agresividad, como forma de defensa, quizás sea una respuesta apropiada en diversas situaciones. 

Lo de la ofensa puede razonarse de la siguiente manera: como mencionamos, el enojo podría ser una emoción útil en ciertos casos, pero usualmente es un síntoma de falta de capacidad en algún aspecto concreto, de que uno se encuentra impotente y no sabe qué hacer para garantizar una necesidad o alcanzar una meta, suele ser un síntoma de inseguridad, de que uno depende de lo que otros piensan para medir la propia valía o fortaleza; pensemos en el sentimiento de enojo asociado a que otros piensen distinto que uno, esto se da en muchas cosas, cuando uno observa a otro, uno se enoja si piensa que el otro piensa cosas malas de uno, muchos recurren a la fuerza, pero la fuerza no cambia lo que el otro piensa, tal acción no sirve a los efectos de eliminar la causa del enojo de uno, pero el enojo parece irse por la imposición del poder de uno, demostrar que uno es fuerte, tal demostración parece calmar a uno, aunque el otro puede y probablemente siga pensando lo mismo y la opinión desfavorable se acentúe en consecuencia de la respuesta de uno. 

La respuesta agresiva es inútil a la modificación de la causa que generó en uno el enojo, pues por golpear a otro que piensa que uno es estúpido o débil, no va a cambiar que deje de pensar tal cosa, la mente no funciona así, pero más allá de esto, es una acción surgida de la falta de capacidad, de una autoestima baja, de un menor estado de recompensa y que no implica una expansión hacia un estado de mayor recompensa como la autoestima;  uno es controlado por otros, otros tienen un poder inmediato sobre uno si sus palabras generan en uno tal reacción, lo que uno es capaz de hacer o lograr es poco, uno no puede regular su agresividad, uno no logra estar seguro de sus ideas, de lo que piensa, de lo que es, uno se ve amenazado y lesionado por las palabras de otros, si uno está seguro de que no son verdaderas uno no tendría por qué reaccionar con violencia, y si fuesen ciertas, mayor capacidad de hacer implica que uno lleva a cabo acciones verdaderamente productivas para cambiar aquello que a uno le desagrada o con lo que no se siente a gusto, y si uno no puede cambiar aquello que no le gusta, uno puede demostrar poder en superarlo al punto de la indiferencia ante lo que otro dice (mentalmente, sobre lo que implica para uno mismo); así en la ofensa o la falta de respeto, los inseguros de sí mismos, los de baja autoestima, que no tienen claras sus ideas, se suelen sentir ofendidos, la reacción común, aparte de la agresión como indicaba antes, es buscar por todos los medios posibles que el otro sujeto se disculpe o cambie de opinión, eso muchas veces dice más de uno mismo que del otro; uno no cambia de opinión sin causas, en gran medida las personas siguen pensando lo mismo pero se disculpan y el ofendido se siente un poco mejor, pero de nuevo, nada a cambiado, el otro sigue en el fondo pensando lo mismo, y eso es lo importante, que lo manifieste afecta porque uno se da cuenta de dicho pensamiento, pero lo fundamental es que se piense. 

Uno debe convivir con el hecho de que otros piensan cosas diferentes a uno, pero el ser ofendido o que uno sienta que se le ha faltado el respeto suele ser signo de falta de capacidad más que de otra cosa, implica que otro tiene poder sobre uno, uno no logra ya tanto, uno no se aparte de lo que la mayoría hace; si uno es seguro de sí y sus ideas, si uno aprende el control de la agresividad o la indiferencia ante las palabras ofensivas de otro, uno en cierta forma logra más, uno demuestra una mayor autoestima; agredir al que ofende o pedir que se retracte, por cualquier medio posible, no va a cambiar lo que piensa, el conflicto es interno, uno debe manejar sus propias inseguridades, su propio enojo. ¿Quién es más fuerte, quién logra más, aquel que usa la fuerza cuando es ofendido o aquel que la controla, que no se deja llevar por el enojo? 

El asunto central de todas formas es no ofenderse, tener alta autoestima, así, lo que otro dice no ofrecerá ninguna amenaza para uno, no generará tales reacciones. La amenaza y sus resultados, el miedo y la ansiedad es un componente presente cuando falta autoestima, los de baja autoestima, mientras que en la alta autoestima, no se genera  amenaza por el entorno de la misma forma. ¿Quien tiene poder cuando uno se ofende, quién controla a quién? 

Ahora, todo lo anterior es una forma de razonar sobre el asunto de la cual creo hay que tener especial cuidado. Pues lo que uno puede hacer asociado a la recompensa tiene que favorecer la vida de uno, si por nuestra naturaleza permanecer como si nada frente a la ofensa genera mayor malestar del bien que produce, se debe actuar de forma diferente. Creo que el proceder comentado antes tiene sentido quizás frente a la ofensa de personas desconocidas o que no se involucrarán en nuestras vidas en alguna forma, y digo quizás, pues puede que aun en este caso sea mejor reaccionar de forma diferente.

No estoy diciendo que se deba agredir físicamente a la otra persona, pero tampoco permanecer callado o sin aclarar al otro que ese comentario lo hace sentir mal o es incorrecto o perjudica de alguna forma, y buscar persuadir a la otra persona de que no es la forma apropiada de dirigirse a los demás. Mi razonamiento para decir esto es el siguiente: cuando reaccionamos al insulto, puede que el grado de veracidad que consideramos que tiene la afirmación del insulto impacte en el grado de respuesta emocional, en el enojo que genera, pero aunque no se considere cierta, la percepción de una idea contraria a un valor personal que es afirmada genera una respuesta de rechazo natural y desagrado, y hace enojar, aunque sea en un nivel mínimo, pues uno debe enfrentar una idea que de vencer a las ideas y creencias que tenemos generaría un estado de insatisfacción y malestar. 

El malestar se genera porque hay una amenaza a aquello que nos recompensa y creo que es perjudicial para uno si eso no se enfrenta y se deja de lado. Ahora, que el daño a otro sea la respuesta adecuada es otro aspecto. Si cada vez que a uno lo insultan por lo mismo se va a golpear no se habrá logrado ningún cambio en uno, la situación generará el mismo malestar, si logramos evaluar la afirmación, tanto si constatamos su falsedad como su verdad generaremos un cambio adaptativo. La fortaleza es que uno puede vencer al ambiente, a la situación, la falta de capacidad es cuando el ambiente o la situación lo vence a uno, si uno aprende a confiar en su propio juicio, a evaluar las afirmaciones, será mejor para uno. Ahora, que podamos hacer eso no significa que dejaremos de sentirnos mal frente a ciertos insultos, pues la idea desagradable surge de nuevo para ser enfrentada a nuestros valores, aunque ya lo hayamos hecho, la comunicación aquí es importante, lograr que esa fuente de negatividad ya no esté para uno, lo mejor es hacerlo de la forma más pacífica posible, de la forma adecuada a la autoestima, a los altos estados de recompensa. Que uno venza al ambiente no significa agredir a todo aquel que nos dice algo que no nos gusta, eso significaría que el ambiente lo vence a uno, pues uno no logra generar cambios adaptativos permanentes en uno mismo, que nos permitan enfrentar situaciones similares con menos estrés y malestar, donde la sensación negativa y el enojo provocado no termine dominando a uno.

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