Lo transgénero y el tema de la esencia humana

©

Leandro Castelluccio

 

(Imagen obtenida de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:A_TransGender-Symbol_black-and-white.svg)

 

Frecuentemente en debates se utiliza un argumento, en su mayoría por parte de intelectuales de derecha o figuras del espectro político conservador, contra la validez de concebirse uno mismo como hombre o mujer indistintamente del género o sexo concebido por los demás o  el dado por su propio cuerpo. Aquí hablaré de transgénero y transexual en el mismo sentido, como las personas que se identifican con el sexo opuesto al asignado biológicamente por los genitales o cromosomas o por el género considerado por los demás. Pues entiendo que existen diferencias concebidas respecto a la transexualidad y ser transgénero, aunque parece haber una relación, puesto que la transexualidad se consideraría como la convicción de unapersona que se identifica con el género opuesto al impuesto según su sexo biológicomientras que hablar de ser transgénero referiría más bien al hecho de no identificarsecon el género asignado a uno mismo, aquel que sería impuesto por los demás (según se suele afirmar) por la imagen exterior de uno, y como dicha imagen depende de los caracteres sexuales biológicos, una cosa no está desconectada de la otra.Pero la cuestión aquí no es entrar a debatir estos aspectos, aunque cabe destacar (dado lo que expondré a continuación), que hablar de sexo biológico en términos de los genitales o el aspecto físico es algo reduccionista, pues existen otros componentes biológicos que determinan nuestra identidad sexual.

El argumento es el siguiente: si una persona se identifica como mujer cuando biológicamente es un hombre (sea por los genitales o los cromosomas), lo mismo podría aplicarse a multitud de cosas con la que uno podría identificarse, la cuestión es que lo que uno piensa o siente que es no cambia lo que de hecho uno es. Así, yo podría identificarme con una persona de un metro noventa y creer que tengo esa altura, puedo pensar o sentir que esto es así, esto no cambia el hecho de que en realidad mi altura es menor y que no soy tan alto. Esto vendría a ser como una postura objetivista o anti-subjetivista, donde se plantea que la realidad es lo que es independientemente de lo que yo piense o sienta que es. En tal caso, mis opiniones o creencias no hacen a la realidad, sino que la misma existe como algo independiente que uno en todo caso falla en identificar, en cuanto a la transexualidad, las personas se identifican erróneamente como hombre o mujer, y se argumenta en consecuencia que el hecho de que lo hagan no valida que se les considere como realmente hombres o mujeres según lo que creen ser. Este discurso se utiliza frecuentemente, como mencionaba, por parte de figuras conservadoras de derecha en mayor medida en el debate frente a si debemos considerar o tratar como hombre o mujeres a personas que tienen el sexo opuesto, solo porque ellos consideran que son hombres o mujeres. Esto repercute en discusiones sobre como debemos tratar a las personas transexuales o transgénero, desde como denominamos a dichas personas, hasta como la ley los considera.

No soy una persona ni de derecha ni de izquierda, simplemente menciono que  este suele ser un argumento esgrimido por figuras de ese espectro político, algunos ejemplos incluyen Ben ShapiroRyan T. Anderson, este último autor del libro “When Harry Became Sally: Responding to the Transgender Moment”, el cual parece haber causado mucho debate y rechazo en la comunidad LGBT, y si bien el anterior parece ser un buen argumento, en el fondo esto no tiene nada que ver con la cuestión del subjetivismo o el objetivismo, y es en sí un mal y engañoso argumento. El problema diría que viene de nuestra tendencia cultural de separar cuerpo y mente o cuerpo y espíritu, quizás más en nuestra cultura occidental que en otro tipo de culturas, donde a su vez, en este caso, parece que metafísicamente le damos prioridad a lo físico o corporal frente a la dimensión mental y dejamos que sea eso lo que determine el género de una persona. Pero mente y cuerpo son en realidad aspectos integrados de un todo que hace al ser humano, y es un error dar prioridad a que los órganos sexuales o los cromosomas sean lo que determina el género, pues este también tiene un componente mental, lo que uno piensa y siente profundamente que es como persona, que no puede separase o dejarse de lado. Las personas transgénero sienten profundamente que son del sexo opuesto y esto se manifiesta en sus rasgos y comportamiento, y sienten esto porque evidentemente hay aspectos o componentes mentales que forman parte de la identidad de uno que van más allá de los aspectos corporales físicos.

Hoy en día no está claro completamente la interrelación entre mente y materia, el ser humano es un todo integrado, pero en este caso ni siquiera hay necesidad de entrar a discutir esto, pues podemos hablar de los aspectos neuronales del funcionamiento como aquello que hace a nuestra dimensión mental, y lo que siente una persona que es, hombre o mujer, depende de aspectos neuronales como también hormonales, tanto del desarrollo, como del funcionamiento normal del día a día, que no sabemos completamente como se integran, y que determinan lo que la persona siente que es en cuanto a su género, aspectos que son en sí físicos. De modo que frente a la pregunta de si yo me identifico con alguien de un metro noventa, que si lo hiciera, eso no me hace de un metro noventa, también puedo preguntar desde el lado de lo mental, con igual validez.

Supongamos la situación imaginaria de que se pudiese transferir la conciencia de una persona, en el sentido de todos sus recuerdos, capacidades mentales, aspectos relacionados a su self y su identidad, etc., a un organismo diferente, como un gato o un perro, si una persona de repente se despierta en el cuerpo de un gato manteniendo todas sus cualidades mentales y su identidad salvo la diferencia de que su cuerpo ya no es el suyo sino el de un gato, ¿deja esa persona de ser quien es? Si todavía internamente siente y piensa que es la persona que es, independientemente de que su conciencia haya sido transferida al cuerpo de un gato, no podríamos decir que la persona en realidad es ahora un gato, la persona sigue existiendo y en todo caso ahora está atrapada en el cuerpo de un gato, el hecho de que no se identifique con el gato no es un problema de objetividad, es un tema de que efectivamente, en su dimensión mental subjetiva ese gato es en realidad una persona, y el hecho de que tenga cuerpo de gato no hace que ahora sea un gato. Lo mismo podríamos decir de las personas transgénero, el hecho de que no se identifiquen con el sexo biológico no cambia el hecho de que internamente y subjetivamente sean del otro sexo. Podríamos perfectamente hacer la analogía siguiendo el ejemplo anterior del gato, de que las personas transgénero o transexuales son hombres o mujeres en un cuerpo del sexo opuesto.

Considerar la dimensión mental es crucial, puesto que la identidad no hace referencia exclusivamente al aspecto físico-corporal sino también a otras cuestiones biológicas a nivel neuronal, por ejemplo, que hacen al género que uno internamente siente que es. Pero como el ser humano es un ser integrado, tampoco debemos caer en lo que es la cuestión de la esencia del ser humano, es decir, qué es lo que hace en esencia que una persona sea hombre o mujer, puesto que si decimos que una persona es hombre o mujer en base a lo que siente que es, dejamos de lado ahora el aspecto físico-corporal, y esto es algo importante, de lo contrario las personas transgénero no intentarían lucir externamente como del sexo opuesto. Mucho de lo que somos mentalmente remite a aspectos corporales, en todo caso podemos decir que el ser humano presenta una multitud de facetas en dimensiones físicas y mentales que se interrelacionan de formas que todavía no logramos comprender enteramente, y que siempre que busquemos definir la esencia podemos llegar a dejar de lado aspectos importantes que hacen al ser humano, o podemos caer en el error de jerarquizar lo metal o lo físico y darle mayor importancia a una cosa frente a la otra. Muchas veces se ha discutido acerca de qué es lo que hace que una persona sea una persona, por ejemplo cuando se discute el tema del aborto, qué es lo que hace que un feto sea considerado una persona, o cuándo comienza el feto a ser considerado una persona y tener derechos, y aquí se habla de qué es lo que hace al ser humano como tal, cuál es su esencia, y creo que la búsqueda de esa respuesta ha llegado a separar al ser humano en distintas habilidades, en si es que razona, piensa, siente, recuerda, es consciente, etc. Y esto termina fragmentando al ser humano en dimensiones que de hecho forman parte de un todo.

Lo que planteo aquí respecto a la dimensión subjetiva de nuestra identidad no es menor, y tiene connotaciones morales y éticas, pues en el caso de la transexualidad se suele plantear cómo integrar lo que las personas sienten que son y su cuerpo físico, y aquí entran en juego las operaciones, cirugías estéticas, tratamientos hormonales, etc., si planteáramos en el ejemplo imaginario que lo correcto sería que la persona que ahora está en el cuerpo de un gato se identifique con el mismo y no con su persona, y que termine comportándose y sintiendo que es un gato, dudosamente diríamos que esto es ético o moral. Imaginemos ahora que existiese una droga que logarse que la persona transgénero se identifique con su sexo físico, e internamente sintiera que es hombre o mujer de acuerdo a su sexo físico y se comportase según rasgos típicos de dichos sexos, ¿sería ético o moral platear tal cosa como un tratamiento? Esta no es una cuestión para tratar a la ligera, pues refiere a aspectos esenciales que hacen a lo que uno es como persona, poder modificar a nivel subjetivo algo como el género es un tema sumamente delicado. Y aquí también podemos caer de nuevo en separar la dimensión mental subjetiva y lo físico, pues estaríamos dando prioridad a una cosa frente a la otra, podríamos decir que lo mental tiene más peso y la persona es hombre o mujer según como se identifica subjetivamente, y  diríamos que se estaría yendo en contra de lo que la persona es de utilizarse esa droga, por el contrario si a lo físico-corporal se le da prevalencia en cuenta a la identidad de la persona, entonces podría plantearse que tal droga con ese efecto sería un recurso válido para las personas transgénero frente a las operaciones y tratamientos hormonales. La cuestión es entonces, ¿cómo plantear el camino indicado para referirnos y ayudar de ser el caso a las personas transgénero teniendo en cuenta la unidad integrada que es el ser humano: lo físico y lo mental? No es una pregunta fácil, pero es un error caer en reduccionismos como los que plantea argumentos como el mencionado al principio, pues existe una dimensión más allá de lo físico-corporal. La pregunta queda abierta entonces para un debate más exacto respecto a estos temas.

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