Cómo la voz de una madre da forma al cerebro en desarrollo de su bebé

Imagen de portada: Foto por Aeon.co

Por Kate Fehlhaber, editora en jefe de Knowing Neurons y candidata a doctorado en neurociencia en la Universidad de California, Los Ángeles. Vive en Los Angeles.

Editado por Pam Weintraub

Originalmente publicado en Aeon.co

Traducción al castellano por Leandro Castelluccio. Link a mis ensayos.

No es sorprendente que un niño prefiera la voz de su madre a la de los extraños. Comenzando en el útero, las vías auditivas en desarrollo de un feto perciben los sonidos y las vibraciones de su madre. Poco después del nacimiento, un niño puede identificar la voz de su madre y trabajarápara escuchar su voz mejor que las voces femeninas desconocidas. Un estudiode 2014 sobre bebés prematuros mostró que reproducir una grabación de la voz de la madre cuando los bebés chupaban un chupete era suficiente para mejorar el desarrollo de las habilidades de alimentación oral y acortar su estadía en el hospital. La voz de una madre puede calmara un niño en situaciones estresantes, reduciendo los niveles de cortisol, la hormona del estrés y aumentando los niveles de oxitocina, la hormona de vinculación social. Los científicos incluso han rastreadoel poder de la voz de una madre a los cerebros de los bebés: la voz de una madre activa la corteza prefrontal anterior y la región temporal posterior izquierda más fuertemente que una voz desconocida, preparando al bebé para la tarea especializada de procesamiento del habla.

Si bien tiene sentido intuitivo que la voz de una madre tenga un poder especial sobre los bebés y niños pequeños, ¿qué sucede cuando los niños crecen? Daniel Abrams, un neurobiólogo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, y su equipo de investigadores se dispusieron a responder esta pregunta utilizando la IRM funcional (fMRI en inglés), una técnica de neuroimagen que mide la actividad cerebral detectando cambios metabólicos en el flujo sanguíneo. Los investigadores examinaron a 24 niños entre las edades de siete y 12 años, que tenían un coeficiente intelectual normal, no tenían trastornos del desarrollo y fueron criados por sus madres biológicas. Mientras estaban en la máquina de resonancia magnética, estos niños escuchaban grabaciones de palabras sin sentido habladas por sus madres o por otras mujeres. Los investigadores eligieron específicamente palabras sin sentido para no activar circuitos cerebrales relacionados con la semántica. En cualquier caso, los niños pudieron identificar con precisión la voz de su madre más del 97 por ciento del tiempo en menos de un segundo.

Pero, ¿qué sucedió realmente cuando estos niños mayores escucharon la voz de su madre? El equipo planteó la hipótesis de que escuchar su voz produciría más actividad en las denominadas regiones cerebrales “selectivas de voz”, involucradas en el reconocimiento de la voz y el procesamiento del habla, en comparación con cuando escuchaban voces femeninas desconocidas. Pero lo que los científicos encontraron fue aún más notable. La voz de una madre activó una amplia gama de estructuras cerebrales, incluida la amígdala, que regula la emoción, el núcleo accumbens y la corteza prefrontal medial, que forman parte de un circuito de recompensa importante, y el área fusiforme de la cara, que procesa la información visual de la cara. Este patrón de actividad cerebral puede compararse con una huella digital neuronal, donde la voz de una madre desencadena una actividad específica en el cerebro de su hijo.

La investigación no se detuvo ahí. El equipo descubrió que cuanto más neural es la conexión entre estas regiones cerebrales “selectivas de voz” y las relacionadas con el estado de ánimo, la recompensa y el procesamiento facial, mayor es la capacidad de comunicación social que tiene un niño. En otras palabras, la huella neuronal de la voz de una madre dentro del cerebro de un niño puede predecir la capacidad de ese niño para comunicarse en el ámbito social.

Si se considera que la huella neuronal es un biomarcador en el cerebro de un niño, ¿qué tan diferente se ve en los niños con trastornos en la función social, como el autismo? ¿Y cómo cambia la huella neuronal en la adolescencia y en la edad adulta?Las respuestas a estas preguntas siguen siendo desconocidas, pero ahora está científicamente comprobado que la mayoría de nosotros llevamos la voz de una madre en los patrones neuronales de nuestro cerebro: cuentos a la hora de dormir, conversación a la hora de la cena y el parloteo que escuchamos antes del nacimiento nos identifican, tan singularmente como la huella digital, posibilitando el desarrollo emocional y la comunicación social en la infancia y, probablemente, a lo largo de la vida.

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